SONIC, TAL COMO LO RECORDAMOS

Sonic 1 HD Ending Xtreme Retro Sega Genesis

Poca gente encontrará discutible el obvio motivo por el que Sonic the Hedgehog es uno de los representantes del género más revisitables de todos los tiempos: permanece tan sorprendente y fresco como el primer día, y es debido a su equilibradísimo cóctel de virtudes.

Arranca como un plataformas amable, pasa por diversos estados de tensión – que, literalmente, nos dejan sin aliento -, y concluye como una estupenda aventura de tono benévolo y carácter ecologista, ideal para todos los públicos.

Es indiscutible que el pulso narrativo y el buen hacer de un Yuji Naka inspiradísimo tuvo mucho que ver con el resultado, pero… ¿cómo ha sobrevivido al inexorable paso del tiempo?.

¿Siempre estuvo igual de atinado?.

¿Esa perfección casi matemática del ritmo y, sobre todo, su inconfundible espíritu estuvo presente desde su origen?.

En Xtreme Retro tenemos una contundente respuesta: no.

Basta con revisar cualquiera de sus recientes correrías para darse cuenta de ello.

Algunas de esas epopeyas arrojan cierta luz tranquilizadora sobre el tino de los programadores, y muy significativamente, dejan entrever hasta qué punto han experimentado con el carismático erizo, tal como sugieren nuestros compañeros de Vida Extra.

Más representativo es, quizá, el creciente protagonismo de los eternos secundarios, que a más de un niño de la época le haría encojerse de hombros.

Porque, pese a las sucesivas variaciones de aspecto y carácter, en ocasiones todo queda infinitamente más equilibrado, alejándose de los tópicos y alcanzando unas cotas de delirio muy agradecidas, tal es el caso del largamente recordado Sonic Adventure 2.

Sin embargo, el mayor cambio reside en el propio héroe azulado, capaz incluso de resucitar, burlando así a la mismísima muerte en otra de las decisiones más curiosas y poco afortunadas de un guión oscuro, que pretendía ser definitivo, pero que por suerte no sobrevivió a tamañas pretensiones.

Y es que, después de tanto tiempo, cabe preguntarse si realmente estamos preparados para ser reeducados o reconducidos, abocando a Sonic hacia la autodestrución o salvación mundial.

Es una suerte que el veloz erizo que todos conocimos en aquel mágico verano de 1.991 sí expusiera unos pensamientos tan gratos y optimistas.

UN ERIZO EN TRES DIMENSIONES

En Xtreme solemos divagar con relativa frecuencia sobre las aristas gráficas de los primeros juegos poligonales.

Un canto de dolor, podría decirse, a las púas puntiagudas o los inexpresivos personajes carentes de alma que desfilaban por Saturn.

Hablo de títulos del calibre de Sonic World – léase Jam – o Sonic R, ambos juegos históricos… a pesar de sus gráficos.

No en vano, siempre me ha llamado la atención aquella frase tan manida de “es un buen juego a pesar de sus anticuados gráficos“, cuando precisamente se aplica a producciones de un acabado visual impecable, tales como Sonic CD o Sonic & Knuckles, por citar un par, pero nunca a estos plataformas prodigiosos, qué duda cabe, pero de ángulos inertes y sin capacidad para comunicar.

Por eso aquellos personajes tan poco agraciados y con movimientos que, debido a las limitaciones técnicas, se asemejaban más a un robot que a un ser viviente, encajaban tan bien con su idiosincracia.

La característica principal de aquellos tiempos es la falta casi total de calidez, la extrañeza que sigue provocando un grafismo radicalmente distinto a todo lo que se había visto hasta entonces.

El polígono era una representación forzada por las circustancias tecnológicas, como los primeros píxeles, pero donde aquellos se esforzaban por crear códigos representativos y novedosos, los polígonos primigenios querían aproximarse e incluso identificarse con el jugador.

Por eso los primeros modelos tridimensionales de Sonic resultan tan incómodos de contemplar y, al mismo tiempo, efectivos en su grotesca torpeza y triangular morfología.

LA NUEVA ERA

Sonic New Look Boom Sprite Pixel Art Xtreme Retro Sega

Convertido en un icono masivo, en parte debido a los inevitables retornos cíclicos de la moda, Sonic se ha rebelado como el símbolo de toda una generación.

De peinado imposible, inocencia casi risueña y espontaneidad única, el erizo ha pasado a la historia como un claro ejemplo de héroe accesible para todos los públicos.

Sus primeras aventuras, en las que se enfatizaba esa misma inocencia cristalina, sirvieron para popularizar al icono, que durante la consagrada etapa de los 32 bits estuvo relegado a un segundo plano.

Pese a las muy loables intenciones de revitalizarlo a toda costa que vemos en la actualidad, tras su glorioso paso por Dreamcast, que inevitablemente causan cierta inquietud.

El Sonic que hemos conocido, como buque insignia de una compañía y reflejo brillante de una época, viene mediatizado por el esfuerzo de diversos equipos con el cuestionable fin de la explotación más cruda, aplicando las bases del género en píldoras de extrema intensidad y casi ausencia del argumento tradicional.

Y el resultado se antoja en ocasiones tan violento e indecoroso que prescinde, llegado el caso, de su riqueza arqueológica con todo su poder corrosivo.

Pese a ello, la labor de reconstrucción para el consumo masivo las legitima.

Sea como fuere, la serie de Sonic no tiene por qué nutrirse necesariamente de títulos absolutamente excepcionales o que hayan marcado un antes y un después en el género.

Basta con que tengan una fuerza icónica extraordinaria, y apuestas tan polémicas como el reciente Sonic Boom la tienen, ya sea para bien o para mal.

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