SONIC THE HEDGEHOG 2

Sonic the Hedgehog 2 Pixel Art

Hete aquí uno de los cartuchos más anticipados de su década.

Un título no exento de contundentes campañas publicitarias, y cuya principal credencial de calidad fue su antecesor, uno de los mayores éxitos de 8 y 16 bits que se recuerdan.

De este modo, Sonic the Hedgehog 2 fue un sonado triunfo, aunque esté lejos de igualar las cifras de ventas de otros “vendeconsolas” en rigor; pero su impacto en la comunidad de jugadores estuvo a la altura de las expectativas.

Consiguió amortiguar la repercusión de una franquicia tan potente y popular como Super Mario Bros, cuya última entrega causaba furor por aquel entonces, y durante largos meses el erizo azulado y su inseparable compañero de correrías ocuparon las discusiones y la admiración de los usuarios más entregados a tamaña odisea y su enfrentamiento contra los temibles Badniks.

Sonic the Hedgehog 2 Chemical Plant Pixel Art

Pero, ¿realmente era para tanto?.

¿Merece Sonic the Hedgehog 2 las notas que recibió?.

¿Sigue siendo digno de las avalanchas de fan-art y declamaciones enloquecidamente elogiosas que inundan internet?.

En realidad si, aunque para entender hasta qué punto Sonic the Hedgehog 2 rozaba la perfección es preciso matizar qué hace que un videojuego se merezca semejante calificativo.

Esencialmente, un título relativamente moderno es la mezcla de narración y mecánica de juego.

Si una de las dos cosas resulta deficiente, obtendremos un lanzamiento desequilibrado.

Aclaro: “narración” no equivale a “guión” o “argumento“.

Hay programas que sin necesidad de contar una historia gozan de un carisma suficiente con elementos narrativos muy elementales – detalles gráficos, minucias sonoras, … -, que los hacen suficientemente carismátios.

Sonic the Hedgehog 2 Casino Night Pixel Art

Sirva a modo de ejemplo el reciente Angry Birds, que obviamente no cuenta historia alguna, pero sí posee una magnífica ambientación, y se han preocupado por dar personalidad a sus inquietantes aves; por lo que se antoja más interesante lanzar estos pájaros contra estructuras de madera que hacer lo propio con píxeles abstractos.

En cualquier caso, no es lo que sucede con Sonic y su secuela.

El guión de estas creaciones oriundas de SEGA, pese a resultar casi testimonial, es tan fino, tan lleno de capas y matices, que se sitúa simplemente a otro nivel en cuestión de guiones para juegos de plataformas: la capacidad empática que posee, por un lado, un avatar sobrado de carisma y, por otro, un agradecido compañero de aventuras cuya respuesta bien podría tildarse de asombrosa.

Con la de títulos que hay preocupados por dotar de traumas de telefilm y flashbacks siniestros a personajes que raramente dejan huella, y SEGA consigue que un simple zorro – en realidad no tan “simple” – sea uno de los secundarios más enternecedores y aplaudidos de todos los tiempos.

Sonic the Hedgehog 2 Aquatic Ruin Pixel Art

Por descontado, ese dista mucho de ser el secreto que hace de Sonic the Hedgehog 2 un juego tan sensacional.

Su mecánica, ya perfecta en su demoledora sencillez de la primera entrega, se ha perfilado y depurado hasta extremos abrumadores en esta segunda parte.

Los nuevos elementos se incluyen en el programa de forma escalonada y precisa, y el jugador se verá sorteando las más enrevesadas plataformas en el tramo final gracias a la meritoria curva de aprendizaje.

Añadamos un modo cooperativo originalísimo para la época, y con genuino sentido, creado con un firme propósito y que en ningún momento da la sensación de ser un “pegote” autoimpuesto, sino que, una vez disfrutado, incuba en el usuario la idea de que Sonic fue concebido, en cierto sentido, para deleitarse de este modo.

¿Eso es todo entonces?.

¿Un pretexto soberbio que justifica la puesta en escena y una mecánica impecable?.

A decir verdad, la inmensa mayoría de juegos que padecemos en la actualidad matarían por uno solo de esos dos elementos, pero la cosa es algo más compleja, pues el verdadero secreto de Sonic the Hedgehog 2 radica en cómo la narrativa alimenta a la mecánica, y viceversa: el cartucho contiene una serie de extras que, una vez obtenidos, hacen que algo tan aparentemente mecánico y repetitivo no pierda interés.

Estas peculiaridades no sólo afectan a las habilidades del protagonista, sino también al progreso.

Ojo, que esto no altera el desarrollo, pues el valeroso erizo tan sólo cuenta para sobrevivir con su encomiable velocidad y una capacidad portentosa para el salto, aunque dichos atributos pueden ser potenciados.

Sonic the Hedgehog 2 Death Egg Pixel Art

Sin embargo, llegado el caso, su periplo muta gracias a un cambio de tono y ritmo muy acusado.

Es decir, Sonic the Hedgehog 2 es un juego tan preciso, tan estudiado hasta sus más mínimos detalles, que argumento y desarrollo van cambiando de forma natural, sin brusquedades, siendo solo uno, y haciendo que una experiencia aparentemente tan mecánica como puede ser neutralizar enemigos y superar plataformas hasta el infinito, se convierta en una práctica totalmente orgánica.

Orgánica, en efecto, porque Sonic the Hedgeog 2 es algo más que la suma de exquisitas plataformas: entre líneas, en cada fase, se detalla el descenso hacia un mundo cada vez más contaminado y lúgubre, de una civilización – quizá la nuestra – errónea y una relación antinatural con la Madre Tierra, y desgrana una historia de salvación y esperanza, de retorno a los orígenes, con tan sólo un par de intrépidos animales.

Sonic the Hedgehog 2 Oil Ocean Pixel Art

Y eso no lo puede hacer tan bien, con tanta precisión, ni una película ni un libro.

Por eso Sonic the Hedgehog 2 prácticamente roza la perfección.

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