SONIC THE HEDGEHOG

Conforme transcurría la década de los ochenta, la mítica Master System se aseguró una cómoda posición en el mercado europeo y, en menor medida, también en el de Suramérica.

No obstante, su éxito comercial podría tildarse de moderado en el resto del mundo, especialmente si aludimos al territorio japonés – un claro referente para la industria de los videojuegos -, donde las ventas de Nintendo superaban holgadamente el 90% del total.

En un intento por desbancar a la competencia, SEGA tuvo a bien comercializar una flamante consola, técnicamente muy superior al resto de máquinas en boga de 8 bits.

La nueva plataforma de 16 bits resultante fue bautizada para la ocasión con el sonoro nombre de Genesis en América, y Mega Drive en Europa, Japón y por último Brasil.

Con esta agresiva estrategia la compañía desarrolladora consiguió labrarse un merecido renombre, así como consolidarse definitivamente no sólo en el viejo continente europeo, sino también en el otrora inaccesible mercado norteamericano.

Pese a estos encomiables logros, Nintendo no tardaría en contrarrestar esta campaña, lanzando apenas dos años más tarde la legendaria Super Nintendo, arropada del no menos excelentísimo Super Mario World.

Nos situamos, por tanto, a principios de los noventa.

Con esta situación adversa, a SEGA le urgía un juego capaz de vender al menos un millón de copias en todo el mundo, y que sirviera de abanderado para impulsar una vez más el buen volumen de ventas que antaño había caracterizado a Mega Drive.

Y la solución más lógica vendría de la mano de una carismática mascota.

Por aquel entonces, dicho cometido recaía sobre el memorable Alex Kidd, aunque de forma no oficial.

Como muchos incondicionales de SEGA bien recordarán, el bueno de Alex era un infante con ligeros rasgos de simio, que además pertenecía a la realeza.

Por descontado, su popularidad fue en aumento en todas las consolas de la compañía durante poco más de un lustro, concretamente el que se corresponde con la segunda mitad de la década, allá por los años ochenta.

Pero lamentablemente una serie de títulos irregulares le relegaron al injusto olvido.

Ante esta acentuada carencia, la empresa nipona finalmente se decanto por un nuevo buque insignia que le sirviera a modo de icono, y el personaje elegido no fue otro que Sonic, un erizo malhumorado de idéntico color al logotipo de SEGA, que a la postre fue diseñado por el ilustrísimo Naoto Ohshima.

Entre sus habilidades merece la pena destacar su endiablada velocidad supersónica, así como la facultad de convertirse en una suerte de bola para eliminar así al resto de engendros mecánicos, y todo ello sin parar de correr en momento alguno.

Respecto a su primera aventura, está ambientada en el fantástico planeta de Mobius, un pequeño paraíso vegetal habitado en su mayoría por amistosos animales, entre los que destaca el intrépido protagonista.

Pero la paz reinante no tardaría en verse truncada por los terribles designios del pérfido Doctor Ivo Robotnik – en la actualidad popularmente conocido como Eggman -, quien no dudará en servirse de estas inocentes criaturas para encerrarlas en sus viles creaciones, los Badniks, con los que se propone conquistar el mundo.

De modo que el cometido de impedir estos maléficos actos y poner fin de una vez por todas al enloquecido plan del Doctor recaerá sobre un erizo de voluntad inquebrantable y fuerte temperamento, que en una carrera frenética tratará de anticiparse a los movimientos de su rival y recuperar las codiciadas esmeraldas del Caos a través de las más arriesgadas zonas, antes de que su eterno enemigo consiga apoderarse de su ilimitado poder.

Y en caso de salir airoso, podrá disputar un encarnizado enfrentamiento contra el infame científico, en un duelo donde no hay lugar para los perdedores.

Como es lógico, cada acto disponible está ideado para incentivar una furiosa carrera contrarreloj, con una rapidez de la que tan sólo Sonic es capaz.

Con un apartado técnico sobresaliente y una jugabilidad exquisita, Sonic the Hedgehog cosechó una popularidad tal que durante años protagonizó, junto a Mario, una de las mayores rivalidades que se recuerdan, capitaneadas por las insignes SEGA y Nintendo, dando paso a una de las épocas más añoradas en la historia de los videojuegos.

Y no era para menos, pues ambas compañías se esforzaron por destronar a la empresa rival con títulos de suprema calidad, que incluso después de tanto tiempo siguen siendo considerados como auténticas obras maestras de la programación en sus respectivos géneros.

Y dentro de esta corriente Sonic brilla con luz propia, gracias a un ritmo de juego absolutamente trepidante e inimitable.

No en vano, aquella añeja aventura ha conseguido vender hasta la actualidad la friolera de cuatro millones de copias – una cifra sorprendente dado el parque de consolas instalado en la década de los noventa -, llegando a protagonizar todo tipo de secuelas que, tristemente, no siempre han estado a la altura del personaje.

Y hete aquí el detalle más chocante para todos los que participaron de aquella época dorada, marcada por la exacerbada competencia entre ambas compañías, pues el popular erizo azulado ha compartido estrellato con el mismísimo Mario en diferentes episodios.

Algo, a priori, impensable en los tiempos de Mega Drive.

Por último, aquí os dejo un enlace desde el que podréis dar rienda suelta a toda vuestra nostalgia y revivir aquella aventura original protagonizada por el incombustible Sonic, que marco época y también a toda una generación.

En cualquier caso, no quería concluir este reportaje sin antes recopilar una serie de material gráfico perteneciente a las primeras etapas del laborioso proceso de creación, en las que se aprecian algunos detalles realmente llamativos, y que sin duda acicatearán la curiosidad de todos aquellos que se cuenten entre los amantes de las rarezas.

Y como guinda a este pequeño tributo que pretendo rendirle a la mascota de SEGA por su vigésimo aniversario, he querido compartir con todos vosotros una serie de ilustraciones en las que se recrean algunos de los mejores momentos de aquella mítica e irrepetible entrega, que asentó las bases jugables de la saga y definió el comienzo de un mito.

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