SPACE STATION: SILICON VALLEY

¿Qué sucedería si, en lugar de hablarles a los animales, pudieras apropiarte de ellos?.

Space Station: Silicon Valley se sitúa en unas instalaciones del año 3.000, llenas de aproximaciones robóticas a las criaturas terrestres como ratones con ruedas, zorros con propulsores atados a su bajo vientre, e hipopótamos de propulsión a vapor.

Y el jugador es un microchip que puede controlarlos a todos, si han sido incapacitados.

Se trata en esencia de una recreación robótica de la batalla entre cazador y cazado, con la deliciosa salvedad de que aquí, llegado el momento, pueden intercambiarse los papeles.

Esta simple fórmula es la base para una desconcertante plataforma que demostró la endiablada imaginación de DMA Design en su mejor momento.

Unos ligeros saltitos pueden llevarte hasta el objetivo, con una piel de oveja para ralentizar el descenso, y a continuación enfilar una rampa y vadear un lago – después de todo, en electrónica no es una buena idea mojarse -.

Viene después un zigzagueo entre dientes y garras para volver a vengarte con tus propios dientes y garras.

El auténtico desafío es pensar en lo que debes hacer antes de sumergirte violentamente en el ecosistema, y acabar quitándotelo de encima ante los desconcertados bigotes de quienes te rodean.

Muy por delante de su tiempo en términos conceptuales, Space Station: Silicon Valley adolece de algunos fallos básicos en los controles.

Para tratarse de una idea tan tierna, en ocasiones puede ser realmente duro, y el jugador se ve perseguido en algunos niveles de manera implacable, como sólo un objeto programado puede hacer.

Pero su trama alocada y realmente divertida mantiene el interés pese a los excesos, junto con una calidad que no suele encontrarse en títulos mejor valorados.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.