SPAWN: THE ETERNAL

No sólo las licencias de cine son un buen caldo de cultivo para los juegos mediocres.

Los superhéroes que lo petaban en los años 90, como Spawn, también tuvieron su ración de vergüenza jugable…

Bautizado “cariñosamente” por un medio americano como “un juego más feo que el culo de un perro con diarrea explosiva”, Spawn: The Eternal tiene el dudoso privilegio de ser otra de tantas medianías en el catálogo de PlayStation.

Y no porque la materia prima no fuera buena – la historia de Al Simmons, el asesino traicionado al que el infierno le da una segunda oportunidad, arrasaba en ventas -, sino porque el juego fue un pequeño desastre.

La mejor forma de describirlo es como una aventura al estilo Tomb Raider con combates 1 vs 1 que remiten a Toshinden – la perspectiva cambia al toparnos con un enemigo -.

El problema es que en ninguna de estas facetas brilló y, ahora, con los años, resulta peor.

La exploración es rutinaria, repetitiva y carente de atractivo o enganche, con enemigos poco variados que recuerdan a los del cómic… echándole imaginación.

Los combates, por su parte, ni captan la esencia del personaje – o sus poderes – ni son divertidos, con combos simples y ortopédicos.

Todo lastrado, además, por un abundante popping, texturas tan “bailongas” como feas, un control mejorable y, sobre todo, un desarrollo que roza lo soporífero.

VETE AL INFIERNO… JUGABLE

La premisa aventura más combates 1 vs 1 pintaba bien… pero no rozó ni a Tomb Raider, ni a Toshinden.

Y lo peor de todo no fue eso: no hay por dónde cogerlo.

El control deja que desear, técnicamente tampoco es como para tirar cohetes – aunque, eso sí, posee uno de los engine 3D más suaves de su época -, y carece de una buena trama que hilvane la exploración de unas monótonas y tediosas mazmorras.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.