SPIRIT OF SPEED: 1937

Aprovechando que se había cumplido un siglo desde que tuvieran lugar las primeras competiciones automovilísticas, Broadsword Int. quiso trasladar a los aficionados al pasado de este espectáculo de conducción con Spirit of Speed.

La idea en términos generales es bastante sugerente, pero su resolución y puesta en escena resulta poco menos que frustrante.


De entrada, será posible conducir hasta doce coches de la época – entre los que aparecen marcas que ya eran las principales en aquellos años, tales como Alfa Romeo, Bugatti o Mercedes Benz -, y aquí nos encontramos con una de las mayores lacras del programa: la disparidad entre sus velocidades, que oscilan entre los 140 y 340 Km/h.

Esto se traduce en que a duras penas tiene cabida la competitividad, por lo que el usuario tiende a encontrarse completamente solo durante el transcurso de toda la carrera.

Por fortuna, Spirit of Speed cuenta con un acabado gráfico casi fotográfico, potenciado por el hecho de que no se aprecia niebla alguna y la línea de horizonte se mantiene muy lejana en todo momento, sin olvidar las seis cámaras disponibles.

Sin embargo, todo juego de carreras que se precie de serlo tiene que limitarse a ofrecer algo más que buenos gráficos, y en este la sensación de velocidad es muy baja.

Por otra parte, el control ultrasensible de los vehículos no facilita en absoluto su conducción.

Basta con decir que si los coches rozan un obstáculo salen rebotados, y si tienen la mala fortuna de salir de la pista restan inmovilizados.

Sumadle a esto unos longevos tiempos de carga y su escasez de modos de juego, en los que ni siquiera se ha previsto una opción para dos competidores, y el resultado final es más testimonial que jugable.

RESUMIENDO

Pocas o ninguna objeción con respecto a los gráficos, que tienen a su favor un cuidado exquisito para las texturas y fondos de los circuitos; pero por contra las deficiencias se hacen notar en el resto de apartados, muy especialmente si nos referimos a la discreta sensación de velocidad y los larguísimos tiempos de carga.

Es una verdadera lástima que tanto esmero dedicado al aspecto visual no haya venido acompañado por un mínimo de jugabilidad.

En síntesis…

Como documento de una época en la que los coches aún arrancaban con manivela es impagable, pero como juego de conducción es un auténtico despropósito.

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