SPY FICTION

Nadie se explica cómo, pero una vez más una organización maligna pretende dominar el mundo, y los superagentes habituales están ocupados con sus filias particulares.

Con Metal Gear Solid se inauguró por todo lo alto un género, el del espionaje combinado con acción más o menos táctica, que desde el principio se reveló como un plato indigesto para jugadores con poca paciencia y limitada capacidad de concentración y/o reflexión.

Los hijos bastardos surgidos a raíz de la creación de Hideo Kojima exploraban y expandían con mayor o menor fortuna los conceptos presentados en la saga protagonizada por Solid Snake, pero en general se esforzaban por mantener el tono serio y realista del juego primigenio.

Y entonces, en 2.004 surge de la nada un juego titulado simplemente Spy Fiction.

Con una campaña publicitaria nula, que esperó al último minuto para saltar a la palestra, Spy Fiction se presenta con un espectacular trailer en el que ridiculiza a las dos sagas más importantes del género – podéis encontrarlo en Youtube buscando el trailer de Spy Fiction titulado Spy Vs. Spy Vs. Spy -.

En dicho vídeo se muestra a Solid Snake completamente distraído de la misión, comiendo serpientes, mientras Sam Fisher está más pendiente de su particular enfrentamiento con la luz que de otra cosa.

Mientras ambos superespías se muestran como unos incompetentes, el protagonista de Spy Fiction lleva su misión de forma heroica y espectacular, sin espacio para el aburrimiento.

Y ese es el elemento diferenciador de Spy Fiction respecto a sagas como Metal Gear Solid o Splinter Cell: la inmediatez en el estilo de juego, y un aire desenfadado en su presentación, tanto visual como jugable.

EL HOMBRE DE LOS MIL ROSTROS

Buena parte del sistema de juego de Spy Fiction se basa, obviamente, en la infiltración, pero lo hace desde un punto de vista original para el género: la suplantación de personalidad.

Dentro de la base ficticia que sustenta el juego, en Spy Fiction el robo de identidad resulta bastante sencillo en su ejecución gracias a una cámara especial que llevan los personajes: basta con tomar una buena imagen de un enemigo, en la que se vean bien tanto su cara – o lo que cubra a esta, como un casco – como su cuerpo, y después esconderse, por ejemplo en un contenedor, para que nuestro avatar salga convertido en una réplica perfecta de aquél al que haya fotografiado.

Por descontado, la suplantación del enemigo sirve para facilitar el avance de la misión, no sólo consiguiendo cruzar puertas vigiladas con total tranquilidad, sino incluso para obtener información del enemigo, ocupando el lugar de aquel que originalmente debía averiguar los datos.

Retorciendo un poco más las cosas, puede darse la situación en que haya que suplantar a ambos bandos para obtener la información completa.

La ejecución de este aspecto del juego es bastante sencilla, estribando la única complicación en encontrar el ángulo apropiado para esconderse sin ser visto.

Una vez disfrazado, el único peligro es la posibilidad de acabar abusando de un disfraz, despertando las sospechas del enemigo y dejando inutilizable esa tapadera.

Y es que, a los espías sigilosos ya les iba haciendo falta un colega caradura.

ESPIONAJE NO TAN TÁCTICO

Pero no todo es suplantación de identidad en Spy Fiction, y es que el juego lanza no pocas aportaciones de cara a la variedad en el desarrollo, sea con pequeños minijuegos como el que inicia el juego, con Billy esquivando minas aéreas tras un salto HALO, o con momentos más centrados en las plataformas o la resolución de puzzles.

Por supuesto, una parte importante del juego se basa en el sigilo, relacionado con la suplantación de personalidad o no: en todo momento hay que evitar ser detectado por el enemigo.

De ser detectado, Spy Fiction funciona de un modo prácticamente calcado a Metal Gear Solid, poniendo en alerta a los enemigos de la zona y atrayendo a otros del exterior hasta que el nivel de alarma se reduce.

En ese periodo de tiempo el jugador puede optar por ocultarse, haciendo uso del sistema de camuflaje óptico del traje de Billy – que se activa tan pronto se queda quieto y pegado a alguna pared, volviéndolo invisible -, o bien puede optar por combatir al enemigo.

Y es aquí donde se pone de manifiesto uno de los problemas del juego, y por partida doble: es tan pesado esperar a que termine el periodo de alarma – que no tiene en cuenta si hemos encontrado o no un buen escondite, y por lo tanto siempre tarda lo mismo -, como mal pensado está el sistema de combate, impreciso y con problemas de cámara, por lo que la supervivencia en combate contra numerosos enemigos es más una cuestión de suerte que de habilidad.

Son estos dos aspectos los que oscurecen el resultado final del juego y lo alejan de los títulos más célebres del género.

Sin embargo, Spy Fiction está sembrado de buenas ideas, desde los gadgets y el armamento alocado de Billy hasta una trama entretenida y bien desarrollada, que se deja invadir por el aire a dibujos animados japoneses de la presentación visual del juego para ofrecer algo más entretenido que la simple conspiración hipertecnológica de turno.

Por encima de todo, Spy Fiction ofrece un acercamiento puramente arcade a un género exclusivista más cercano a la simulación, tomando sus elementos ficticios y expandiéndolos sin vergüenza de traspasar el límite de lo razonable.

LARGA VIDA AL ESPÍA

Alargando un poco más la vida del juego, es posible completar la misión con dos personajes, Billy Bishop, el protagonista por defecto, y Sheila Crawford, ambos cumpliendo la misma misión pero con pequeñas variaciones.

Además, hay toda una serie de extras desbloqueables como nuevos trajes, un final secreto o modos de juego añadidos.

A pesar de ser un tanto desequilibrado en algunos aspectos, el resultado final es notable.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.