STREET FIGHTER THE MOVIE

En pleno apogeo de la saga Street Fighter, antes de que esta diera signos que hicieran pensar en su declive, Capcom pretendía seguir explotando una de sus franquicias más queridas a toda costa, en vista de los buenos resultados que habían cosechado hasta el momento.

Se produjeron entonces una gran cantidad de secuelas, series de animación, comics de todo tipo, y la industria del cine no fue ajena a esta tendencia.

Esto dio fruto a un largometraje cuyas señas de identidad eran una producción y puesta en escena paupérrima donde las haya, engalanada con unos actores de renombre, como es el caso de Jean Claude Van Damme en el papel de Guile, la hermosa Kylie Minogue interpretando a Cammy, y Raúl Julia conocido por su papel en La Família Adams, que daba vida a Bison para la ocasión.

Y estas fueron sus mejores cartas de presentación y credenciales para garantizarse el favor del público.

Con semejante despropósito como el que consiguieron, era de esperar que un videojuego basado en el film no resultara esperanzador ni atractivo en exceso.

Por fortna la versión animada basada en las andanzas de Ryu, Ken y compañía si se saldó con un producto altamente recomendable, una película que ningún aficionado a la franquicia debería perderse por nada del mundo.

Por aquel entonces la longeva saga dio el salto a la siguiente generación de consolas con mayor o menor fortuna, tratando de exprimir las bondades intrínsecas de las plataformas de 32 bits.

De este modo pudimos ver renacer la serie con aquel mítico Street Fighter Alpha, que volvia a asentar las bases jugables que acompañaron a la franquicia durante largos años, aunque también sufrimos algunas adaptaciones poco recomendables, como es el caso de este Street Fighter the Movie, un título que pasa por ser una mera curiosidad dentro de la presigiosa línea de juegos lanzados por Capcom, con un estilo gráfico bastante atípico, más cercano a la serie de Mortal Kombat debido a las digitalizaciones en los sprites de los protagonistas, que a los que nos tenía acostumbrados hasta la entonces la empresa nipona.

Respetando las bases jugables establecidas por aquel sobresaliente Super Street Fighter II Turbo, que basaba sus ataques en el uso de seis botones divididos en tres para puñetazo de poder creciente y tres de patada respectivamente, aunque sin el acierto en su ejecución ni resuelto de forma tan brillante como aquel, y manteniendo la típica barra especial que una vez completada nos permitía realizar ataques más poderosos y devastadores de lo habitual, limitada a un único nivel.

La parte positiva del asunto es que, pese a basarse en la película del mismo nombre, si tuvieron a bien respetar los ataques característicos de cada luchador en los anteriores juegos, pese a que este resulta un hecho previsible e incapaz de sorprender al respetable.

Además de los luchadores típicos de la saga tendréis a vuestra entera disposición algunos de novedosa factura, como el popular Akuma, muy conocido en la actualidad aunque no lo era tanto en el año que este juego vio la luz, allá por el 1.995, y otros extraídos directamente del largometraje e incluídos de forma forzada en el juego, como es el caso del Capitán Sawanda, un personaje sin demasiado atractivo ni carisma todo sea dicho.

Llegados a este punto es preciso destacar ciertas diferencias, mínimas eso si, respecto a la versión Arcade y las plataformas domésticas, Saturn y PlayStation, donde será necesario ejecutar el truco correspondiente para hacerse con los servicios de Akuma, mientras que en la coin-op no se le ha dado el trato de luchador secreto.

Minucias aparte, el mayor atractivo de que disponen las versiones enfocadas hacia las distintas consolas, como siempre ocurre en estos casos, radica en una notoria cantidad de modos de juego entre los que elegir, ya sean el Movie Battle, que nos propone seguir de una forma más o menos fideligna el ¿hilo argumental? de la homónima película, y que pese a lo que podría pensarse nos obliga a jugar forzosamente con Guile; Street Battle, que es en realidad el típico y concurrido modo Arcade, Versus Battle, que junto con el Arcade deberían ser vuestras mayores prioridades en este funesto título, y finalmente el Trial Battle, que peca y adolece de una falta de originalidad más que evidente, sin aportar nada nuevo respecto al resto de modos ya disponibles.

Quizá lo más destacable del conjunto es la introducción de vídeos extraídos del largometraje dentro del modo historia, aunque como veréis esto tampoco supone un motivo de sobrada alegría y, a modo de curiosidad, estableciendo un cierto paralelismo con la saga de Mortal Kombat, la aparición de ligeros toques de sangre al encajar determinados golpes.

Sorprende además que los programadores no se decidieran a introducir unos modos de juego existentes en la práctica totalidad de títulos de esta índole, como el Survival, Contrareloj, o incluso el Team Battle, que ya estaban disponibles en las versiones de Super Nintendo, y por tanto serían exigibles en unos sistemas que albergaban una mayor potencia.

Sin embargo, todas las posibles virtudes más o menos cuestionables lo avalan como un juego que debería ser correcto, si bien no recomendable.

El mayor problema viene cuando una vez resueltos a jugar, atraidos quizá por el influjo de las imágenes estáticas, nos damos cuenta de que aquellas versiones comercializadas años antes en Mega Drive de Mortal Kombat superan en muchos enteros a este juego de novedosa factura que, salvo por la inclusión de vídeos, resulta incapaz de competir con la obra de Midway, un tanto desfasada para el año que nos ocupa.

Los personajes son parcos en animaciones, adolecen de una brusquedad de movimientos atípica en el género y, lo que es peor, la combinación de personajes reales con movimientos fantásticos se antoja un tanto ridícula.

Por si fuera poco, la puesta en escena resulta dantesca, llegando a transmitir la poco agradable sensación de que los contendientes están superpuestos sobre el escenario y no integrados en este, como debería ser el caso.

A este detalle sumadle una realización técnica para los escenarios deleznable, en el que debería ser uno de los mayores atractivos para cualquier juego de lucha que se precie de serlo, pues visualmente resultan pobres, sin demasiados alardes ni atractivos, carentes de elementos móviles o carisma alguno y aportando consigo un look anticuado que no le favorece en absoluto al acabado final del producto en su conjunto.

Puestos a elegir una versión, la deseada sería con toda probabilidad la Arcade pese a la ausencia de modos de juego, pues no adolece de algunos de los principales inconvenientes que ha traído consigo la tortuosa conversión a las plataformas de 32 bits, menor velocidad, resolucón, las siempre molestas franjas negras en los bordes, y por supuesto, corriendo a tan sólo 50 hz.

Y en el apartado sonoro, pocas o ninguna virtud a destacar.

Melodías que en el mejor de los casos pasan desapercibidas y efectos sonoros enlatados son sus mayores señas.

Nada que ver con las gloriosas recreativas de Capcom que se servían del impresionante Q Sound.

Pero el peor apartado que consigue hacer naufragar al resto viene de la mano del jugable, mostrando en pantalla unos combates más lentos de lo que sería deseable, un detalle que mejora sustancialmente en la versión de recreativa, consiguiendo dilapidar a un juego que nació sin mayor expectativa que la de nutrirse y servirse del esperado tirón comercial que supuestamente iba a tener la película, dado la galardonada saga de la que tomaba prestada su buen nombre.

Pese a sus carencias, serán los seguidores incondicionales de la franquicia aquellos encargados de encontrar y saborear sus escasas virtudes, y sin duda los que sabrán disfrutar y exprimir sus bondades, escuetas frente a unos defectos notables de difícil disimulo.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.