STREET FIGHTER


Street Fighter fue el título que le dio nombre a una de las sagas más prestigiosas de los videojuegos.
Sin embargo, fue tal el éxito cosechado por su secuela, que no tardó en eclipsar a la primera entraga de la franquicia, que rapidamente quedó relegada al olvido.
Pero como toda saga tiene un comienzo, este es el que concierne al nacimiento de un mito.


Comenzamos nuestro repaso al glorioso pasado de Street Fighter, el primero de la que ha sido una de las sagas más prestigiosas y aclamadas de todos los tiempos.


Street Fighter bien puede considerarse como uno de los primeros, si bien no resultó ser el que dio inicio al género de los “one vs one“, en el lejano año 1987.
Desarrollado por Hiroshi Matsumoto y Takashi Nishiyama, esta primera toma de contacto con el género de la lucha fijó las directrices a seguir por el resto de títulos que salieron al mercado en el futuro, si bien en mayor medida bebieron de forma directa de su secuela, de la que se nutrieron para idear los respectivos sistemas de juego de cada nuevo título emergente, pues Street Fighter II llegó a asentar de forma definitiva las bases del género.


En cualquier caso, muchos de los elementos que hicieron famosa a la segunda parte ya se encontraban presentes en esta entrega, tales como dos luchadores que se muestran en pantalla de considerable tamaño, que a su vez atesoran diferenciados estilos de lucha; sumado a los detallados y reducidos escenarios propios de cada personaje, las típicas barras de vida, un temporizador que le imprime cierta urgencia al desarrollo de los distintos enfrentamientos, diversos enemigos a batir hasta llegar a enfrentarse con un temible adversario final, y un largo etcétera.


Pese a no gozar del éxito de otros títulos del momento de la compañía se realizó una conversión de la coin-op a los principales sistemas de entretenimiento de la época, que abarcaban desde ordenadores hasta consolas de uso doméstico, por lo que los aficionados pudieron disfrutar de unas más que correctas versiones en el Amiga, Commodore 64, Amstrad CPC, e incluso en los PCs modernos que tenían una filosofía similar a la ya vista en los ordenadores MSX, pues permitían ser construidos a partir de componentes, hecho que repercutía de forma decisiva sobre el precio final que pagaba el consumidor.
Sin olvidar las potentes tarjetas gráficas de la época, que animaron a las distintas compañías a lanzar sus juegos sobre esta prometedora plataforma, o bien a convertir los ya existentes.
El juego que nos ocupa llegó a salir además en la consola Turbografx CD, e incluso contó con representación en el conocido Spectrum, con un título que no defraudó pese a las limitaciones propias de la máquina.
En los últimos años hemos podido ver el juego en diversos recopilatorios de Capcom, principalmente lanzados en PlayStation 2.


Durante el desarrollo de los combates, el jugador controla a Ryu, el luchador de origen japonés que le presta su rostro mayoritariamente a la saga, si bien era posible que un segundo usuario se uniera al combate pasando a controlar a Ken, el eterno contrincante y fiel amigo del protagonista, con el que mantiene una sana rivalidad basada en el espíritu de superación.


En el título hacen acto de presencia además algunos de los luchadores más famosos de cuantos forman el amplio elenco disponible en los diferentes juegos de la franquicia, como es el caso de Birdie, Eagle, Gen, Adon y finalmente Sagat, todos ellos de sobra conocidos, pues han participado en un gran número de títulos, ya sean de la rama principal (Street Fighter, Street Fighter II, Street Fighter IV), en las diferentes subsagas (Street Fighter Alpha, Street Fighter EX), o incluso en juegos que mezclaban universos (Capcom VS SNK, Marvel VS Capcom), entre otros muchos.


Durante el desarrollo del torneo de lucha se le permite al jugador elegir el destino de entre un número limitado de opciones disponibles, si bien el combate final se desarrolla en Tailandia, enfrentando a Ryu contra Sagat en un duelo de épicas proporciones.


Como bien sabrán la mayoría de aficionados al género de la lucha a estas alturas, en los distintos combates el vencedor será elegido de entre el mejor de los tres asaltos disponibles, siendo preciso ganar dos de ellos en un tiempo limitado, que en ningún caso supera el minuto de duración.
Y en caso de finalizar el asalto antes de que uno de los dos contrincantes haya quedado eliminado se procede a otorgar la victoria a aquel que haya sufrido un menor porcentaje de daños.


Ya en esta primera entrega los luchadores contaban con los tres movimientos característicos de la saga, que han persistido hasta nuestros días, a saber, el hadoken: la conocida bola de fuego, que acabó por convertirse en la especialidad del luchador callejero de origen japonés; el Shoryuken: aquel famoso gancho del que Ken es maestro absoluto tras su paso por el mítico juego de Super Street Fighter II; y finalmente el Tatsumaki Senpu, la siempre eficaz patada giratoria en la que tanto Ryu como Ken desarrollaron pequeños matices más acordes con su particular estilo de lucha durante los títulos futuros, resultando ser Ryu un poco más potente, pero por contra Ken más rápido y capaz de asestar una mayor cantidad de golpes, algo esencial a la hora de conseguir encadenar combos.


Además ya se incluyeron por aquel entonces diversos botones que permitían realizar un golpe flojo, medio, o fuerte, de forma que era posible llegar a combinar diversos ataques; si bien el sistema de combos no estaba minimamente depurado, como lo conocemos en la actualidad.


El acabado gráfico del juego es notable.
Los luchadores por su parte cuentan con un buen diseño, aunque no resultan tan detallados como lo fueron en la segunda entrega.
Pese a no ser equiparables, ya tenían un tamaño considerable y la gran cantidad de detalles apreciables en todos ellos los hacía agradables a la vista, bien definidos y diferenciados entre sí, integrándose con la mayor facilidad en los distintos escenarios.
El de los escenarios es otro apartado digno de mención, pues son coloridos, variados, y presentan todo tipo de matices.


Por su parte, el apartado sonoro consigue estar a la altura del conjunto, presentando unas melodías que, si bien en ocasiones pasan desapercibidas, no desentonan ni se hacen pesadas en ningun momento.
Sin llegar a estar a la altura del mito que supuso la segunda entrega de la serie, Yoshihiro Sakaguchi, quien ya participó en otros grandes programas de la compañía, puso su firma en el que sin duda fue un gran trabajo.


De haber depurado un poco más el apartado jugable este título sería más conocido y recordado de lo que lo es en la actualidad, pero es innegable que hay que atribuirle el mérito de haber construido los cimientos sobre los que Capcom edificó su obra magna, un juego que culminó en la gran obra maestra que hoy en día todo el mundo conoce, y que le valió a la empresa japonesa un prestigio internacional tal que desde entonces es considerada como una de las mejores compañías desarrolladoras del mundo entero, capaz de competir de igual a igual con otras grandes tales como Konami, Namco o SNK, entre tantas otras; y en el género de la lucha (así como en el del survival horror), pocas empresas pueden hacerle sombra.
Y todo dio comienzo con este humilde título.

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