STUNTMAN: IGNITION

Stuntman: Ignition es una auténtica rareza, heredera de los últimos coletazos de las series medias, en ese gozoso momento en el que los Triple AAA comenzaban su era de la dominación, pero también era posible toparse con juegos como Condemned, Dark Sector o éste mismo.

Juegos para grandes consolas pero con presupuestos medios y resultados modestos y estimulantes.

Preparaos para irlos viendo desfilar por aquí, porque pertenecen a una era previa a la explosión indie, cuando el equilibrio entre lo comercial y lo atrevido aún era posible.

Y los resultados eran tremendos.

Stuntman: Ignition está planteado como un arcade de conducción inmediato y sin complicaciones, pero es capaz de desplegar ante el jugador conceptos de ambientación francamente arriesgados, así como decisiones de diseño que lo ponen por delante de otros juegos de su género que han tratado con menos mimo planteamientos similares.

Ignition se sostiene sobre un argumento ya usado en la primera entrega de Stuntman – el ascenso en Hollywood de un especialista en escenas de riesgo sobre ruedas -, pero pule las aristas de su precedente no sólo en lo jugable sino en el propio concepto: el jugador arranca protagonizando escenas de conducción en películas de bajo presupuesto, pero según va ascendiendo, estos estrenos en los que participa van siendo más espectaculares y las exigencias que se le hacen al profesional del derrape y la chatarra motorizada son cada vez más disparatadas.

De este modo, Ignition no sólo pide al jugador que genere la acción de las películas, sino que la asimile y la comprenda de una forma divertida, sencilla e intuitiva.

Pero hay más: el especialista no es un actor de películas de acción, sino un profesional que sustituye al actor protagonista de las mismas.

Y por supuesto, sus acciones son controladas por el jugador, en su casa, con un mando, inmerso en una realidad virtual interactiva: el videojuego.

Un triple conjunto de espejos que se refuerza cuando el jugador se da cuenta de que… así no es como se rueda una película de verdad.

Por el bien de la continuidad de los niveles del juego, se encadenan vertiginosas secuencias de riesgo… del tirón.

Sin trucos de montaje, sin “corten”, con tráfico real.

Es decir, las secuencias de acción, por mucho cartón-piedra, focos y figurantes que haya en los márgenes de los circuitos, suceden de verdad, y cuando el coche del especialista salta un abismo, realmente está saltando un abismo – ojo, realmente no: ¡esto es un videojuego! -.

Un complejísimo título de miradas acerca de la ficción y la interactividad que convierten a un sencillo y muy competente arcade de conducción – porque todo esto no serviría de nada si Ignition no fuera, de paso, divertidísimo – en todo un tratado de semiótica.

Lo que hablábamos del equilibrio entre el riesgo y la comercialidad.

Lo importante es que este Stuntman elabora toda esta retahíla de simbolismos sin perder el humor, y cualquier fan fatal del cine de acción apreciará las referencias que trazan películas ficticias como Aftershock – catástrofes volcánicas -, Whoopin’ and Hollerin’ II – la entrega previa de esta saga de clones de El Sheriff Chiflado se rodaba en el primer Stuntman -, Strike Force Omega – si no sale Chuck Norris poco le falta -, Overdrive – años setenta en San Francisco, el sueño dorado de todo especialista en persecuciones automovilísticas -, Never Kill Me Again – un Bond de segunda – y Night Avenger – una película de superhéroes protagonizada más por el Batmóvil que por el tío del disfraz -.

Más allá de un par de guiños, Ignition se pone deliberadamente ácido cuando retrata a los directores de las películas, que dan las órdenes al especialista antes de cada secuencia, y que parodian las tipologías más lamentables de mercenarios, artistillas, cineastas y trepas de Hollywood: idiotas que están rodando una absurda huida de una erupción volcánica a lomos de una moto pero que te piden que pongas más alma en tu interpretación.

Y ahí viene la traca final en cuanto al concepto que vertebra Stuntman: Ignition, el juego se permite reírse del ridículo desarrollo de personajes de las películas de acción o las escenas que sólo sirven de esqueleto entre persecución y persecución, porque está demostrando con hechos que lo realmente divertido, emocionante e impactante de esas películas son las secuencias pirotécnicas.

Es decir, lo único que aparece en el juego.

Stuntman: Ignition es, a diferencia de hermanos mayores mucho más prestigiosos como Beyond: Dos Almas o las últimas entregas de Metal Gear Solid, un juego que se permite mirar directamente a los ojos al mundo del cine y decirle: soy mejor que tú.

En lo jugable, Ignition no quiere revolucionar nada, pero funciona como un reloj.

Hay que estar dispuesto a memorizar circuitos cerrados al milímetro, y a saber dónde hacer cada derrape para conseguir los mejores planos para la película porque sólo así se desbloquean encargos posteriores.

Es decir, pese a las modas que por entonces empezaban a ser norma, no hay un mundo abierto ni nada que se le parezca.

Pero ahí está su grandeza: en circuitos diseñados hasta el último socavón para plantear un desafío puro de habilidad y memoria.

Como el buen cine de acción: un juego que sabe dónde están sus límites y cómo explotarlos hasta el último milímetro.

MEMORIA Y PRECISIÓN

Pese a su apariencia 3DIgnition tenía un acabado gráfico muy competente para su época -, el alma de este juego es completamente old school: prepárate para memorizar cada curva y cada bache.

No en vano, aquí se da una depuración de los aciertos del primer Stuntman, que partía de una idea inteligentísima y con un tremendo potencial.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.