SUPER AFTER BURNER

Muchos de los lectores habituales a esta página probablemente recordarán el primer juego de Afterburner, un arcade que revolucionó la industria del ocio electrónico en el año 1.987, que en su versión más completa vino acompañado de una coinop cuya carcasa respondía a los movimientos que ejecutaba el usuario.

De este modo el único cometido del jugador pasaba por superar distintos niveles al tiempo que derrivaba incontables aviones enemigos pilotando un F-14 Tomcat, cuyo control no planteaba mayores dificultades, distanciando así al programa de los simuladores más exigentes.

Las claves de su éxito había que buscarlas en una perspectiva ciertamente original para el año que nos ocupa, la posibilidad de situarse a los mandos de una nave real, y un desarrollo que requería de grandes dosis de reflejos y puntería.

Fue tal el éxito cosechado que las conversiones para los sistemas domésticos de SEGA no se hicieron esperar.

Y así el título visitó los circuitos de Mega Drive, aunque en su transición vio mermado gran parte del carisma que caracterizaba al original, que pese a mantener los mismos aviones y situaciones había perdido en el doloroso proceso de la conversión la velocidad y el ritmo frenético del arcade, además de cierta espectacularidad.

Era evidente que para conseguir trasladar la magia de la coinop resultaba imprescindible una máquina de mayor potencia, y la solución vino de la mano del por aquel entonces prometedor 32X.

En esta ocasión el título nada tenía que envidiar a la versión de recreativa y conseguía mantener intactas sus mayores virtudes, que eran un desarrollo apasionante y una emoción constante.

Desafortunadamente la técnica empleada ya no sorprendía cuando este cartucho fue comercializado, pues el paso de los años se hizo notar en el apartado gráfico, aunque por contra era tanto o más rápido que la coin-op.

Y es que después de todo ese tiempo tiempo transcurrido, la grandeza que destila el título sigue estando presente en el ritmo que le imprime siempre al desarrollo, tan simple como efectivo.

Por lo que vuestra mayor preocupación será disparar al resto de aviones contrarios, realizar diversas piruetas tratando de evitar interminables ráfagas de disparos y sortear los misiles enemigos en la medida de lo posible.

Como en todo buen arcade que se precie la acción es frenética, tanto es así que incluso el cambio de niveles se efectúa sobre la marcha sin recrearse en ningún elemento o detalle que no sea absolutamente imprescindible.

De esta forma se acentúa el ritmo endiablado del que hace gala el juego al tiempo que se dota de mayor dinamismo al progreso.

El control por su parte no podía resultar más sencillo, pues se limita al uso de un reducido número de botones para utilizar las dos armas disponibles, el cañón y los misiles, y para controlar la velocidad del avión mediante la aceleración o el freno.

Poco más se necesita para dar forma a uno de los programas más completos y emblemáticos de la historia de los arcades.

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Asimismo, el sonido cobra aquí un especial protagonismo y servirá para indicaros cuando será necesario frenar porque un avión enemigo os sigue de cerca, o bien el momento oportuno de efectuar un disparo.

Una mecánica, en definitiva, tan simple como disparar a todo lo que se mueve, pero tan compleja a su vez como evitar un número enfermizo de misiles de forma simultanea, sin poder disponer además de descanso alguno.

RESUMIENDO

Gráficamente el juego es idéntico a la recreativa. No esperéis por tanto una excesiva variedad en los escenarios, aunque cuentan con los suficientes elementos como para resultar de sobra atractivos. Tristemente muchos de los detalles visibles se pixelan en exceso.

El apartado sonoro por su parte cumple su cometido con creces. Melodías marchosas que acompañan de forma majestuosa a la acción y estarán presentes en todo momento, aunque quedarán eclipsadas en mayor medida por las voces, disparos y explosiones que son una constante desde el principio hasta el fin de la partida.

Por fortuna donde destaca con holgura el programa es en su jugabilidad, tan brillante hoy en día como lo era en el año de su estreno, pues es vertiginoso, trepidante, sencillo en su manejo y la acción no decae en momento alguno. Consigue divertir sin mayores adornos ni distracciones. La parte negativa, como suele ocurrir con la mayoría de arcades, es que adolece de una corta duración que ni siquiera los distintos niveles de dificultad han conseguido disimular.

Podéis esperar por tanto un título exactamente tan divertido y dinámico como lo fue el original, que ha plasmado su espíritu con maestría, aunque ha mantenido también su mismo nivel técnico, lo que encandilará a algunos que pretendan nutrirse de la nostalgia – la piedra angular sobre la que se fomentan muchos de estos programas dicho sea de paso – y decepcionará a otros tantos que busquen un mayor espectáculo visual. Lo peor del conjunto con seguridad es que los gráficos se pixelan en demasía. Por todo lo demás es un cartucho altamente recomendable.

En síntesis, un juego que para bien o para mal es un calco de la recreativa, con los mismos decorados, enemigos y nivel técnico, pero también igual de divertido y emocionante que aquel.

Si bien es cierto que en el año 1.987 cuando la coinop estuvo disponible maravillaba a propios y a extraños por sus bellos y elaborados gráficos, así como por su irresistible desarrollo.

Pero parte de esa frescura se perdió con su adaptación a 32X, que sin ser ni mucho menos un mal juego, no conseguía aportar lo suficiente.

Esto quiere decir que el título apasionará a todos aquellos que gusten de la versión original, pues verán aquí representadas sus mismas virtudes; en especial si nos referimos a su portentosa velocidad, aunque no consiguió explotar ni mucho menos las capacidades de la máquina sobre la que fue concebido, el recordado 32X, que llegó a disponer en su reducido catálogo de algunos títulos realmente meritorios, poniendo de manifiesto la potencia intrínseca de los 32 bits.

Y este no fue el caso de Super After Burner.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.