SUPER MARIO BROS 3

Super Mario Bros 3 es sin lugar a dudas uno de los títulos de mayor prestigio y reconocimiento internacional, uno de aquellos juegos a los que de forma reiterada se hace referencia en las más destacadas y selectas clasificaciones que recopilan con esmero las mejores aventuras de todos los tiempos.

Un programa, en definitiva, que cautivó a toda una generación de usuarios y aún hoy en día despierta un gran interés debido a sus incontables virtudes.
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No en vano, ostenta el honor de ser considerado como el cartucho más revolucionario de NES, lo que ya da una idea aproximada acerca de su inusitada calidad.


Pero por si esto no bastara, no son pocos los eruditos que se refieren a esta epopeya de gran envergadura, protagonizada por el incombustible fontanero, como el mejor juego de Mario en dos dimensiones que ha visto la luz hasta nuestros días, un privilegio disputado contra el no menos sorprendente Super Mario World.


Hechas estas aclaraciones – que a estas alturas de los tiempos probablemente sean del todo innecesarias -, es preciso destacar que el artífice que se oculta tras esta magnánima creación no es otro que el carismático Shigeru Miyamoto, sin olvidar al maestro Takahashi Tezuka, que a la postre fue el encargado de dirigir este loable proyecto.

El primer detalle que llama poderosamente la atención es que, para la ocasión, el equipo encargado de su desarrollo retomó el clásico esquema de la primera entrega que, recordemos, se alejaba significativamente del nuevo concepto jugable impuesto por su supuesta continuación, aquel extravagante Super Mario Bros 2.

Huelga decir que dicha versión, ciertamente extraña aunque no por ello menos recomendable, no se trataba en realidad de la verdadera continuación del clásico de valor incunable tal como lo conocieron los aficionados japoneses.

De modo que en los mercados europeos y americano se impuso la nueva adaptación del título, aunque por fortuna años más tarde todos pudimos disfrutar felizmente, esta vez si, del codiciado programa, comercializado en Super Nintendo y aparecido bajo el atractivo nombre de The Lost Levels, tal como se incluyó en el laureado recopilatorio de Super Mario All Stars.

Sea como fuere y retomando el cartucho que nos ocupa, que no es otro que la tercera entrega de esta longeva saga, la trama que sirve para dar paso a tamaña aventura se antoja como un mero pretexto con el que justificar un nuevo juego de proporciones bíblicas.

De modo que los intrépidos Mario y Luigi, su inseparable hermano para más señas, se verán en la tesitura de rescatar a los siete grandes monarcas del ancestral Reino Champiñón.

Nada digno de mención realmente hasta aquí.

Sin embargo, a poco de comenzar la partida el afortunado usuario se encuentra inmerso ante un abanico de posibilidades que se extienden bajo sus pies – virtualmente hablando -, comenzando por el depurado mapa que permite desplazarse entre las distintas fases, no exento de ciertas burificaciones, erradicando así la linealidad que había caracterizado a los anteriores episodios.

Cobran especial protagonismo también el uso de objetos y potenciadores, tales como las flautas que brindan la opción de superar mundos enteros sin incurrir en la necesidad de transitar por sus arriesgadas fases, o los trajes que otorgan distintos poderes especiales; sirvan a modo de ejemplo ilustrativo el de los hermanos martillo, el disfraz de rana, mapache o el de tanooki, que se suman a los habituales privilegios que confieren las setas, estrellas y las concurridas flores de fuego.

Siguiendo con las suculentas novedades, el desarrollo de las fases también varió significativamente permitiendo por vez primera un avance en cualquier dirección imaginable, actualizando por tanto las posibilidades jugables que hasta entonces pecaban de limitadas y ofreciendo atractivas alternativas como la capacidad de retroceder en los coloridos escenarios, consiguiendo una mayor libertad si cabe durante el progreso de la aventura.

Llegados a este punto, no sería posible continuar sin antes hacer referencia al magistral apartado técnico del cartucho, que en el peor de los casos se cuenta entre los más sobresalientes de la NES, lo que no es decir poco precisamente.

A nivel visual resulta difícilmente superable, y en cuanto al apartado sonoro se refiere sigue siendo una delicia, pues es justo reconocer el gran trabajo que desempeñó el aclamado compositor Koji Kondo, cuya labor es sinónimo de calidad y buen hacer.

Para concluir, a aquellos amantes de las curiosidades les agradará saber que durante el año 2.008 este juego fue incluido en el popular Libro Guinness de los Récords como uno de los títulos más vendidos de la historia – sin tener en consideración, eso si, que se han comercializado distintos packs junto con diferentes consolas -, alcanzando la friolera de más de diecisiete millones de copias.

Todo un lujo al alcance de muy pocos elegidos, que podréis disfrutar sin mayor demora desde el siguiente enlace.

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