SUPER MARIO LAND 2: 6 GOLDEN COINS

Mucho ha cambiado el panorama del ocio electrónico desde que éste simpático fontanero revolucionó el concepto de jugabilidad hace ya más de 20 años.
Pero, como con el buen vino, la mascota electa de Nintendo ha sabido innovar y renovarse de forma constante, dando incontables alegrías a los seguidores de la compañía nipona. Buena cuenta de ello es la excelente salud de la que goza el icono de los videojuegos por excelencia en la actualidad.
Desde sus inicios, Mario ha participado en toda suerte de juegos, de los géneros más variados. Así, hemos podido verle en juegos de lucha (Smash Bros), deportivos (Mario Golf), puzzles (Dr. Mario), conducción (Mario Kart), y un largo etcétera, pero siempre bajo la premisa de diversión y calidad.

Existe, sin embargo, un género que le sienta especialmente bien al fontanero, que es el de las plataformas, donde se desenvuelve con soltura.
Desde el primer juego que le brindó la fama internacional, lanzado en NES, hasta los más recientes de Wii, los juegos basados en el universo de Mario siempre han cosechado toda clase de elogios en todos los mercados donde se han lanzado, alcanzando las más altas puntuaciones en prestigiosas revistas.
Acaso alguno de los lectores no recuerda la diversión directa que ofrecía aquel mítico Super Mario Bros? ¿O la cantidad de secretos que esperaban ser descubiertos en los mundos de Super Mario World? ¿O incluso la revolución que supuso Super Mario 64, que dictó el camino a seguir desde entonces por todos los juegos que le siguieron?


Sin embargo, al contrario de lo que puede parecer por este texto, Mario no solo ha sido un referente en las consolas de sobremesa, sino que también ha triunfado en las consolas portátiles, al menos hasta el juego que os comento en éste mal llamado análisis, pues desde entonces su mayor enemigo le ha usurpado el puesto en prácticamente todos los juegos de plataformas portátiles de las consolas de Nintendo, a excepción de los remakes de otros juegos, pero vayamos por partes.
Las consolas portátiles de Nintendo siempre han contado con la representación del bueno de Mario para garantizar unos juegos de calidad en la plataforma elegida, buena prueba de ello son la Game Boy original, Pocket, Color, Advance, SP, e uncluso DS. Si bien a partir de Advance la mayoría de juegos nuevos aparecidos estaban protagonizados por Wario, mientras que en los que era posible controlar a Mario se trataban en gran medida de ports de otras consolas, un hecho que ya pudimos ver desde la añeja Game Boy Color con el remake del Super Mario Bros original.


El título en el que centro este artículo, que no es otro que Super Mario Land 2, es una de las mayores genialidades que se recuerdan protagonizadas por el incansable Mario, al más puro estilo de la vieja escuela. La consola en la que salió no tenía ni siquiera una paleta de colores minimamente aceptable, pero era indiferente, el juego era diversión y jugabilidad en su máxima expresión, y llevaba al límite de sus posibilidades a la Game Boy, con una calidad gráfica que costaba imaginarse en la pequeña consola de Nintendo.
La historia nos cuenta como, tras salir victorioso de su periplo en Mario World, tras volver al reino del Champiñón, descubre que el castillo que le ha regalado la princesa Peach por sus servicios ha sido tomado por Wario, el némesis del fontanero, quien ha sellado la entrada con un total de seis monedas y, para dificultar más aun las posibilidades del éxito de Mario en su labor por reclamar sus posesiones, entrega cada moneda a unos secuaces elegidos según sus designios para que las defiendan a costa de su vida, si la situación lo requiere. El cometido final de la aventura será, pues, derrotar al malvado Wario y expulsarlo del reino de los Champiñones. Un argumento bastante elaborado, si tenemos en cuenta las características técnicas de la consola para la que fue diseñado.
El desarrollo de la aventura es el clásico de avanzar mediante un scroll lateral, generalmente de izquierda a derecha, como pudimos apreciar en los títulos más clásicos de Mario aparecidos en NES. El sistema de control es bastante simple. Pero que no os confunda la simpleza de su control, pues las posibilidades jugables del cartucho están a la altura de los mejores. Mediante el uso de dos únicos botones, seremos capaces de llevar a cabo las más diversas acciones.

En cuanto al juego en sí, consta de un total de seis mundos, cada uno de ellos divididos en diversas pantallas, y bajo el dominio de un jefe final que será necesario vencer para conseguir las tan ansiadas monedas. Existen además pantallas alternativas que permiten profundizar un poco más en la jugabilidad del título, que ya de por sí es excelente. La ambientación de los diferentes niveles es poco menos que soberbia, y cada uno de ellos cuenta con su fauna y sus enemigos específicos, incluyendo a los jefes finales, que no desentonan en absoluto en lo mostrado durante todo lo largo del nivel. De este modo, podemos encontrarnos con tortugas, goombas, hormigas, peluches, y un largo etcétera, cada uno de ellos perfectamente situados en los niveles correspondientes. La variedad tampoco es uno de los puntos flojos del título, pues cada una de las zonas difiere en gran medida de las que se han visitado con anterioridad, e invita al jugador a seguir hasta el final. Viajaremos por zonas tan diversas como fondos marinos, el espacio exterior, hormigueros gigantes, vastos cielos, y otros tantos parajes más que le alegrarán la vista al jugador por sus trabajados entornos y gráficos minimalistas.

Otra de las grandes virtudes del título es la libertad de acción que se le ofrece al jugador en todo momento, con un desarrollo no linial que permite ir a prácticamente cualquier zona casi desde el principio, al contrario de lo visto en la primera incursión del simpático fontanero en Game Boy, con aquel recordado Super Mario Land. Para ello, se optó por incluir un mapa de similar factura a los vistos en Super Mario Bros 3, o incluso Super Mario World, que permitían desplazarse de un mundo a otro por el extenso mapeado manejando a un sprite del protagonista, avanzando por caminos trazados previamente.

Sus creadores no se olvidaron de incluir diversas fases de bonus, donde era posible adquirir toda clase de items o incluso vidas, que facilitarían la labor del jugador en su ardua tarea de conseguir destronar a Wario del castillo del que se ha adueñado.

Los items que hacen su aparición en el juego son los típicos vistos en la saga, con la inclusión de alguna novedad que hacía las funciones de otros elementos ya vistos con anterioridad, como es el caso de la zanahoria, que permitía volar al fontanero de forma similar a lo visto en Mario Bros 3 con la hoja de mapache. El resto de elementos, sin duda son bien conocidos por todos los jugadores, como las estrellas de invencibilidad, las flores de fuego, y las recurridas setas que permiten incrementar el tamaño y la resistencia del personaje.
Como era de esperar, la inteligencia artificial de los enemigos no resulta un obstáculo imbatible, y tan solo algunos enemigos finales consegurán poneros en un aprieto, aunque existen otros tantos para los que será preciso ejecutar una serie de artimañas con el fin de poder eliminarlos, como es el caso de las hormigas con púas, por citar algún ejemplo.


Los escenarios son interactivos, y cuentan con toda clase de elementos móviles, algunos de ellos dañinos para el propio Mario, como sierras o pinchos, mientras que otros facilitarán nuestro avance en gran medida, como aquellos poblados de mocos de los que es posible colgarse y llegar a zonas de otro modo inaccesibles. Para tal fin, la habilidad de salto del protagonista será del todo imprescindible. No faltarán las zonas meramente destruibles, como los recurridos bloques en la saga, que siempre encierran algún premio, como monedas u otra clase de objetos. Un apartado técnico, en definitiva, inmejorable tratándose de una Game Boy.

Los sprites de los personajes, tanto los del propio Mario como el de los enemigos, están plenamente trabajados e incluso cuentan con sombras que los delimitan, consiguiendo una agradecida sensación de profundidad, lo que sumado a la gran variedad de enemigos disponibles, y a sus elaborados escenarios repletos de detalles que en ningún momento llegan a cargar ni a desentonar en la escena, consiguen transmitir una idea del mimo que han puesto sus creadores en desarrollar el juego.

El apartado sonoro es una delicia, y cuenta con una de las mejores BSO aparecidas en la difunta Game Boy, así de simple y rotundo. Existen multitud de temas nuevos que amenizan nuestro paso por el universo de Mario Land 2, si bien todos ellos recuerdan en gran medida a otros ya conocidos dentro de la franquicia, lo que en realidad es más una virtud que un defecto, pues es justo lo que se espera de un título de estas características. El sonido FX está parejo al resto de apartados del título, y ostenta un gran nivel. No son muchos ni muy pocos, y los encontráis en su justa medida, con un gran detalle en todos ellos, que son perfectamente reconocibles cada vez que Mario pierde una vida, es golpeado, rompe una pared, acciona alguna caja, … E incluso se han permitido el lujo de incluir algunas voces en zonas concretas del mapeado, todo un derroche de medios tratándose de, insisto, una Game Boy.

Super Mario Land 2 es con toda probabilidad el mejor título de plataformas aparecido en Game Boy, superando ampliamente a la primera parte, e incluso a las posteriores, protagonizadas por Wario, cuya meta era la de entretener y divertir desde la primera partida. Y a fé que lo cumple con creces. Lo consigue en gran medida por su trabajado apartado técnico, con unos gráficos agradables, un apartado sonoro bien resuelto, y una jugabilidad que hace justicia a lo que se espera de un título de estas características. Alternativas jugables en Game Boy hay muchas, cientos de ellas quizá, pero ninguna tan buena ni tan recomendable como el título que aquí os he comentado.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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