TALES OF DESTINY

Tras la excelente acogida que experimentó el mítico Tales of Phantasia de Super Famicom, Namco volvió a deleitar a los afortunados usuarios japoneses de PlayStation apenas dos años después con su esperada secuela, bautizada para la ocasión como Tales of Destiny.

Y es que no sería posible hablar de este galardonado título sin antes hacer referencia a su antecesor, un impresionante cartucho de 48 megas desarrollado para “el cerebro de la bestia” durante el año 1.995 que cautivó a todos los aficionados, cosechó las más altas puntuaciones en las revistas especializadas del sector, y elevó la calidad de los RPG‘s a la categoría de arte como pocos pudieron hacerlo en la añorada etapa de los 16 bits.

Tanto es así que la hermosura innata de sus gráficos eclipsaría a numerosos afamados RPG‘s para las consolas de 32 bits, por mucho que quisieran evitarse las odiadas comparaciones.

Basta con decir que su majestuosa melodía de presentación totalmente cantada fascinó a todos aquellos que aún miraban con recelo el cartucho, y su sobresaliente desarrollo ató definitivamente a los seguidores de tan singular género.

Por si ello no bastara, el otrora novedoso y fastuoso sistema de batallas – que poseía hasta 10 planos de scroll – lo distanciaba significativamente de los clásicos enfrentamientos por turnos, a la vez que potenciaba la emoción de cada combate.

Pues bien, el día 23 de diciembre del año 1.997 fue la fecha elegida para lanzar en tierras japonesas la anhelada continuación en PlayStation, engalanada por un bello manual además de elaborados perfiles de los cinco protagonistas.

De entrada, Tales of Destiny deslumbra gracias a su espectacular intro y a su tema musical integramente cantado – como un evidente homenaje a la anterior entrega -, que en el momento de ver la luz bien podía considerarse como una de las secuéncias más espectaculares jamás concebidas para un sistema con CDRom.

Una vez recuperados de la grata sorpresa inicial, los usuarios accederán a la pantalla de presentación con scroll incluido y evidentes remembranzas al Tales of Phantasia, que a su vez dará paso al concurrido menú musical de la saga, en el que será posible encontrar hasta 92 composiciones.

Mención especial se merece el diseño de los distintos personajes, cuyo máximo responsable no es otro que Matsumi Inomata, a diferencia del anterior episodio, en el que Kosuke Fujishima maravilló a propios y extraños con su buen hacer.



El flamante mapa en 3D seguía asombrando holgadamente – si bien no tanto como lograron en su día con el soberbio Mode 7 -, y fue renombrado como Global Sphere Map, en el que se mostraban los integrantes del valeroso equipo gracias a las bondades del Active Party; sin olvidar a los más de 200 enemigos bien diferenciados entre sí, convirtiendo a estos dos reclamos en las novedades más destacables de Tales of Destiny.

Huelga decir que pese a tratarse de una secuela en toda regla, en este episodio no se mostrará ningún vínculo con el anterior capítulo, al menos en lo que a su desarrollo se refiere, pues es preciso mencionar que gráficamente resulta casi un calco del añorado cartucho de 48 megas, incluso durante el progreso de los combates.

Si bien las capacidades que ofrece el CDRom permitieron a sus creadores incluir escasos alardes audiovisuales, manteniendo eso sí inalterable el encanto del que hacía gala el original.

Para aquellos amantes de las curiosidades, he aquí un par de rumores que cobraron cierto peso conforme se afianzaba el año 1.998 en los que se sugería una posible versión para Nintendo 64, o bien se hacía referencia a que los gráficos empleados se basaban en un supuesto segundo cartucho destinado a Super Nintendo.

Ni que decir tiene que estas y otras especulaciones jamás pudieron ser demostradas.

Con todo, ante la majestuosa presencia de este sensacional RPG de la vieja escuela quedan empequeñecidas a la categoría de habladurías, incapaces de restarle protagonismo a un juego digno merecedor de toda loa y alabanza por parte de los amantes del género.


GLORIOSOS COMBATES EN 2 DIMENSIONES

Los enfrentamientos que tienen lugar en Tales of Destiny recuerdan en gran medida a los que pudieron verse en la añorada Super Famicom, si bien es justo reconocer que se ha mejorado ligeramente el sistema de combate, conocido aquí como Enhaced Linear Motion Battle – o lo que viene a ser lo mismo, ELMB -.

Gracias a este peculiar sistema será posible controlar las acciones de los distintos personajes a través del pad direccional, y por supuesto sirviéndose de un elaborado menú.

Como en la práctica totalidad de representantes pertenecientes al género, el número de enfrentamientos resultará excesivo, aunque también muy recomendable; pues de otro modo no sería posible subir el nivel y la experiencia tanto de los héroes como de sus espadas dotadas de inteligencia, denominadas Swordians.

En caso contrario, el usuario poco podría hacer frente a los enemigos de mayor poder ofensivo.

REMEMORANDO LA CONSAGRADA ETAPA DE 16 BITS

Argumentalmente, Tales of Destiny poco tiene que ver con su antecesor, aunque no es menos cierto que la representación gráfica de los ostentosos escenarios y los apasionantes combates siguen siendo fieles al cartucho que vio la luz a mediados del año 1.995.


LA ESPECTACULAR SECUENCIA DE INTRODUCCIÓN

Sin lugar a dudas, uno de los elementos que más destacan en este compacto se encuentra en su hermosa intro.

La magistral animación y la memorable composición cantada – en japonés – la situaban a la altura de las mejores de PlayStation, equiparable tan sólo a algunas del calibre de Ghost in the Shell o el imponente Wild Arms.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.