TELSTAR, COLECOVISION Y ADAM

La empresa Connecticut Leather Company COLECO, para más señas – llevaba operativa desde el año 1.932.

Originalmente su cometido pasaba por distribuir diversos productos de cuero a lo largo de toda la geografía de los Estados Unidos, para a mediados de los años cincuenta enfocar su actividad hacia el sector de los juguetes.

Con motivo del gran éxito comercial de la versión doméstica de Pong, la compañía procuró desarrollar su propia plataforma, bautizada para la ocasión como Telstar, que hacía servir cartuchos de una forma triangular.


Pero los controles de calidad dieron al traste con sus expectativas de negocio, dado que se descubrió que la máquina causaba interferencias con otros aparatos electrónicos.

Después de realizar cuantiosos cambios sin obtener mejora alguna, la empresa de los hermanos Greenberg optó por recurrir a los servicios de Ralph Baer – el principal responsable de Magnavox Odyssey -, para que solventara el problema.

Resuelto a encontrar una solución, Baer desestimó las ideas más evidentes, consciente de que los ingenieros de Coleco no las habrían pasado por alto.

No obstante decidió probar suerte con una nueva carcasa que cubriese la máquina evitando así las molestas interferencias.

De esta forma el nuevo modelo estuvo disponible apenas unos días antes de realizar el segundo control de calidad, y con la mejorada carcasa diseñada por Baer es como finalmente se puso a la venta.

Pero las dificultades distaban mucho de haber quedado ancladas en el pasado.

El siguiente contratiempo vino derivado de los cartuchos triangulares, cuyo inconveniente residía en las altísimas temperaturas necesarias para fabricarlos, por lo que los circuitos internos tendían a estropearse.

Tras estudiar los más variados métodos de ensamblaje, la empresa tuvo el acierto de cubrir los cartuchos mediante un revestimiento plateado haciendo posible que soportaran el calor; lo que instó al equpo a cambiar el color negro original de la plataforma para que no desentonara con los juegos.


Superados todos estos inconvenientes, Coleco se aventuró en el mercado de los videojuegos con tan buena fortuna que en el año 1.975 ya había conseguido desbancar a la mismísima Atari en las ventas de los grandes almacenes Sears.

Este hecho animó a la compañía a comercializar ya en el 1.982 Colecovision, que nació con la firme intención de hacer desaparecer a la Atari VCS.

Para llegar a convertirse en la consola puntera del momento Colecovision contaba a su favor con mejores gráficos y una de las licencias más emblemáticas de Nintendo, nada menos que Donkey Kong, que venía incluido junto a la máquina.



Otra de sus bondades consistía en un simple adaptador mediante el cual era posible jugar con todos los cartuchos de Atari, de una gran repercusión en el año que nos ocupa.

En vista de la buena acogida que habían tenido sus invenciones Coleco decidió desmarcarse con otro periférico destinado a convertir la consola en un ordenador personal, conocido como Adam.

Es preciso destacar que Adam añadía a la máquina original un teclado, una unidad de cassette y una impresora que se conectaban al televisor.
Sin embargo el éxito no acompañó a la empresa con este movimiento, llegando a cosechar unas cifras de ventas bastante discretas.

Por lo que la compañía desarrolladora finalmente centró sus esfuerzos en la producción del muñeco Cabbage Patch, con unos resultados bastante más satisfactorios.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.