THE LAWNMOWER MAN

The Lawnmower Man, la película que llevó hasta puntos fantásticos el mundo de la realidad virtual, llegó a Game Boy con un título que, por variedad y jugabilidad, bien merece ser recordado.

Afortunadamente, Sales Curve pertenecía a ese grupo de compañías cuyo escaso número de lanzamientos al año se veía compensado por una magnífica calidad, y por una incuestionable jugabilidad.

Rodland para Game Boy y Super SWIV para Super Nintendo constituyen algunos de sus mejores argumentos.

Esta creación de la añorada compañía mantiene sus tradicionales patrones de calidad, aunque en un primer momento el extraño diseño de sus gráficos y, especialmente, su frenético comienzo nos puedan conducir al tremendo error de abandonar este cartucho en el pozo del olvido.

Como prueba de la variedad que vamos a encontrar en el juego, podemos hablar de sus 22 fases, repartidas en 7 niveles.

Además, la diferencia entre niveles es más que palpable, hasta el punto de ofrecernos la posibilidad de participar tanto en juegos de plataformas – semejantes a títulos como Batman o Robocop -, circular a velocidades de vértigo por un estrecho tubo – cuya animación es una gozada -, o sumergirnos en un auténtico mundo virtual en el que nuestros reflejos y habilidad toman el protagonismo.

Para concluir, deberemos afrontar la batalla final contra Jobe por medio de un sencillo pero atractivo shoot’em up, que nos permitirá disparar a todos aquellos que se atrevan a cruzarse en nuestro camino.

Esta diversidad necesita obligatoriamente una importante dosis de buena calidad, aunque los programadores de Sales Curve han logrado semejante objetivo con creces.

Tomando como punto de referencia la espectacular fase del tubo, tanto los niveles de plataformas – rápidos pero poco vistosos – como los niveles de batalla – el tercero y el quinto son semejantes a los del clásico Space Harrier -, poseen un nivel técnico realmente asombroso para las posibilidades de nuestra pequeña Game Boy.

El apartado sonoro tampoco se queda atrás, logrando unas melodías pegadizas y divertidas que, junto a los efectos de sonido, consiguen introducirnos plenamente en el misterioso y enigmático mundo de la realidad virtual.

Pese a retomar el nombre de una exitosa película con fines meramente comerciales, es indudable que este cartucho de Sales Curve constituye un acierto en toda regla.

VIRTUALMENTE BUENO

Sales Curve ha parido un título en el que la jugabilidad eclipsa la discreta calidad de los gráficos.

Un cartucho fácilmente recomendable para Game Boy, incluso después de tantos años.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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