THE LEGEND OF ZELDA: TWILIGHT PRINCESS

Más de treinta años lleva ya Link dando guerra y, con permiso del bigotudo fontanero, se ha convertido en el icono más reconocible del universo Nintendo.

Y lo ha conseguido a pesar de ser uno de los protagonistas con menos personalidad en la historia de los videojuegos.

Admitámoslo: sabemos muy poco de él.

Parece como si se tratara de un héroe estándar con el que rellenar el hueco.

A esta sensación contribuye el hecho de que en cada una de sus aventuras Link sea reinventado desde cero; es decir: que los juegos no siguen una línea temporal clara.

En cada uno el joven comienza viviendo apaciblemente en su pueblo natal, para poco después embarcarse en una odisea que decidirá el futuro de su universo.

No penséis que todo esto es una crítica, más bien al contrario.

En la saga The Legend of Zelda siempre ha primado, por encima de la historia, el carisma de sus personajes e incluso el apartado técnico, la jugabilidad.

Una jugabilidad a prueba de bombas, clásica y donde cada mínimo detalle de su evolución ha sido planeado hasta el cansancio.

En esta entrega hay todo eso y mucho más.

Todos los elementos de encarnaciones anteriores – sobre todo de Ocarina of Time, el gran clásico de Nintendo 64 con el que guarda grandes similitudes – han sido conjugados en Twilight Princess de una forma tan conocida como efectiva.

Tenemos a la princesa en peligro, al mundo al borde de la destrucción y, de nuevo, dos planos o dimensiones diferentes entre las que Link puede viajar.

La novedad es que en esta ocasión, cuando viaje al mundo crepuscular se convertirá en lobo, lo que le permitirá realizar diversas acciones y llegar a sitios antes inaccesibles.

Por lo demás, pocas cosas han cambiado en la saga.

Espada en mano, habrá que visitar localizaciones exteriores – donde relacionarse con los peculiares personajes – e interiores – en forma de templos -.

Estos últimos conforman el eje del juego, como ya ocurría anteriormente.

Los puzzles vuelven a ser protagonistas, tan bien planeados y enrevesados como siempre.

De hecho, su creciente dificultad puede desesperar a más de uno, sobre todo cuando otras aventuras de acción han demostrado lo innecesario de complicar tanto las cosas en juegos de las dimensiones necesarias para que no se conviertan en un paseo.

Los combates son como los de siempre, pero el mando de Wii les añade una nueva dimensión en la versión para esta consola de Nintendo.

Teníamos nuestras dudas, pero al final este sistema se ha revelado como práctico, preciso, divertido y nada cansado.

Claro que los que se hagan con la versión para GameCube tampoco sufrirán demasiado por su pérdida: la gracia del juego no reside en ellos, ni mucho menos.

Aparte de esta diferencia, la única importancia es la ausencia de un modo panorámico para el sistema más antiguo.

Dicho lo cual, Twilight Princess encarna lo mejor y lo peor de la política de la Gran N, y viene a consolidar un poco más los pilares de un mundo idílico y prácticamente inmaculado, pero en un equilibrio tan precario que el más leve de los susurros podría dar al traste con él.

Parece que sus programadores seguían anclados en el pasado, en un pasado perfecto, pero pasado al fin y al cabo.

Y es que el juego – aparte de los controles que venían impuestos para la, por aquel entonces, nueva consola – innova entre poco y nada: vuelve a acribillar al jugador con las mismas ideas, sensaciones y momentos de emoción incontenible que sus creadores habían utilizado en esos últimos años.

Seguramente para la inmensa mayoría de los jugadores esto será más que suficiente – sólo hay que echar un vistazo a las cifras de ventas -, pero algunos nos quedamos con las ganas de que la saga evolucionara hacia nuevos e inexplorados mundos.

La pregunta que cabe hacerse es, ¿llegó este Legend of Zelda tarde a su cita con la Historia?.

DUALIDAD

La transformación en lobo de Link le permitirá realizar nuevas acciones y llegar a sitios anteriormente inaccesibles gracias a la ayuda de su inseparable compañera, Midna.

SUS HORAS MÁS BAJAS

No todo en la saga The Legend of Zelda son brillos y campanitas.

A comienzos de los noventa, aquel engendro de Phillips que se hacía pasar por consola llamado CD-i recibió una serie de títulos infumables protagonizados por Link y la princesa.

En total fueron tres.

Las capturas hablan por sí solas…

EN SÍNTESIS

Cumple a la perfección con todo lo que se propone, pero quizás es que propone demasiado poco.

Una jugabilidad sólida como una roca que sigue al pie de la letra las directrices de la saga, pero algunos de sus elementos parecen anclados en el pasado.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.