THE LEGEND OF ZELDA: TWILIGHT PRINCESS

Pese a que muchos disfrutaron con The Wind Waker, los fans de Ocarina of Time estaban deseando una versión más adecuada: un juego que conservara el estilo gráfico de la fantasía tradicional con respecto al título original en tres dimensiones, y devolviera a los aficionados a los campos y prados de Hyrule para explorar la región, una vez más, como Link adulto.

Con The Legend of Zelda: Twilight Princess ven cumplido su deseo… pero hay que pagar un precio.

Sin duda es lo que pedían los fans, pero tal vez eso forme parte del problema.

Aunque Twilight Princess sigue siendo una aventura sobresaliente, incluso en la actualidad, comparada con el resto de esta asombrosa serie puede parecer un poco constreñida y mecánica.

Así que tal vez sea una bendición y una condena al mismo tiempo que el regreso a Hyrule consiga funcionar con tantas secuencias tradicionales y cameos.

Vuelven razas tan queridas como los Goron y los Zora, además de, por lo menos, uno de los templos del título original, más difícil y elaborado que antes.

Claro que también aparecen nuevas ideas: Link puede convertirse en lobo al pulsar un botón, y por supuesto buscar y olfatear rastros; sin olvidar la incorporación del espeluznante Reino del Crepúsculo, que introduce una estética teñida de neón, lo que supone un cambio radical para la serie.

Pero, en general, este capítulo aporta pocos elementos novedosos.

En cualquier caso, si una saga puede salir airosa repitiendo con imaginación sus propias tradiciones, es esta.

Pese a que la adaptación del control de movimientos de GameCube a Wii pueda parecer un poco artificiosa, The Legend of Zelda: Twilight Princess sigue siendo, como decíamos, una aventura memorable.

Es un juego que, en cualquier otra franquicia, destacaría como un gran triunfo; y sólo aquí, entre tantos hermanos distinguidos, parece un poco deslucido.

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