THE LUCKY DIME CAPER STARRING DONALD DUCK

Los personajes de Disney fueron un filón comercial que en SEGA no dudaron en explotar.

No en vano, los jóvenes de aquella época crecieron viendo muchas de sus series, muy al contrario de lo que sucede en la actualidad.

Una de las más atractivas con toda probabilidad era Pato Aventuras, o Duck Tales como se dio a conocer en su país de origen, donde Donald les cedía el protagonismo al Tío Gilito y sus tres apreciados sobrinos, junto con un gran elenco de personajes Disney más o menos conocido.

Este detalle contrarestaba en gran medida con el peso que recaía sobre Donald en el panorama del ocio electrónico, que junto con el bueno de Mickey Mouse resultaron ser las apuestas más seguras de cara a protagonizar nuevos juegos de la factoría de sueños, ya fuera de forma conjunta o por separado.

Para aquellos amantes de las curiosidades, el título que nos ocupa, la segunda incursión en un cartucho para consola del personaje, vio la luz primero en Master System, y se rumoreaba si en su conversión para Game Gear, la mejor versión disponible, seguiría los pasos de aquel o por el contrario la nueva aventura se sustentaría sobre el juego de 16 bits bautizado para la ocasión con el nombre de Quackshot, donde el simpático personaje emulaba a su manera al popular Indiana Jones.

Poco importaba en realidad el formato elegido, mientras Donald se encargara de llevar la aventura al mejor puerto.

Y es que, después de tantos años, es de suponer que Donald siempre seguirá siendo Donald, y ningún tratamiento puede perjudicarle, es un decir, pues cuenta con un publico objetivo más o menos afín a sus aventuras.

Finalmente el nombre elegido no dejaba lugar a dudas, pues los usuarios de la portátil de SEGA se encontraban con un clon de la versión de Master System en cuanto a desarrollo, ambientación, objetivos y personajes se refiere, si bien existían mínimas diferencias en la estructura de algunas fases.

Nada significativo no obstante.

El hilo argumental que daba paso a la acción y justificaba la existencia de estos cartuchos describía una escena bucólica en la que el Tío Gilito le otorga a cada uno de los tres sobrinos afectuosamente tres monedas, al parecer, las responsables de su buena fortuna, en cualquiera de las acepciones posibles.

Pero como en el mundo de los videojuegos al parecer no todo puede tener un final feliz sin antes presentar batalla, incluso tratándose de un juego Disney, terminó por hacer acto de presencia la bruja Spell, una vieja conocida de la anteriormente citada serie de Pato Aventuras.

De este modo, acechando el momento oportuno y en vista de que no había una bella princesa de turno disponible para ser raptada, hizo las veces con los tres desafortunados sobrinos, que para el caso también resultaban de utilidad.

Y como en toda historia clásica que se precie tiene que haber un valiente héroe dispuesto a salvar la situación, aquí tenemos a Donald, que raudo se apresura al rescate de sus tres bienamados sobrinos y, ya puestos en materia, de las tres codiciadas monedas cuyo valor parece más simbólico que real.

Sinceramente, poco nos importa el pretexto con tal de visitar un total de siete exóticos escenarios recreados en diversas partes del mundo, incluyendo el consabido castillo final, otro de los clichés pertenecientes al género.

Por lo tanto, el primer objetivo del jugador pasará por rescatar a los tres indefensos infantes, algo lógico pues la prioridad sin lugar a dudas dicta que deben posicionarse aquellos seres queridos por encima de los bienes monetarios.

Esto se traduce en un desarrollo en el que podréis elegir a placer entre un total de tres fases disponibles, sean un bosque, una selva, y finalmente los Andes, donde disponéis de plena libertad de acción a la hora de elegir el orden deseado para concluirlas.

Una vez conseguido este loable objetivo, que no os supondrá en ningún caso un esfuerzo notorio, el juego os brindará la oportunidad de enfrentaros a otras tres nuevas zonas de una dificultad más ajustada que las anteriores.

Y así os veréis nuevamente en la tesitura de elegir una fase entre escenarios tan variados como son las islas tropicales, el Polo Sur o bien unas pirámides, donde una moneda os aguarda como recompensa tras derrotar al esperado jefe final de cada nivel.

El resto, sin llegar a sorprender, si supone un desafió lo suficientemente atractivo como para recomendar la adquisición del cartucho, en caso de que tal cosa fuera aun posible.

Os aguardan por tanto unos mundos rebosantes de colorido, con ese toque imaginativo con que Disney sabe dotar a sus creaciones, si bien esto no debe inducir a error, pues el juego fue desarrollado de forma íntegra por SEGA.

Y por supuesto, no podían faltar una buena cantidad de saltos y algunos enemigos puntuales que conseguirán complicar el avance del jugador sin llegar a ocasionarle bajo ningún concepto alguna dificultad insalvable.

RESUMIENDO

Donald llegó a las plataformas de 8 bits de SEGA dispuesto a labrarse un brillante porvenir con una competente aventura, sirviéndose de las típicas plataformas donde los continuos saltos y algún enemigo cuya agresividad queda en entredicho son una constante; y todo ello dotado de un entorno gráfico sencillo y colorista que cumple su cometido sin alardes ni excesos.

Pese a lo clásico y convencional de su desarrollo, explotado hasta la saciedad, el título sigue siendo a día de hoy altamente recomendable, en parte gracias a las animaciones y al diseño del personaje central, cuyo carisma juega claramente a su favor, y es que sigue resultando tan adictivo como ya lo era por aquel entonces.

Un buen juego que sabrá hacer las delicias de los amantes de las plataformas, un tanto corto quizá, un aspecto que su baja dificultad no contribuye a mejorar.

Por todo lo demás, Lucky Dime Caper es un programa que no debería faltar en vuestra colección, más aun si fuisteis partícipes de aquella época dorada en la que los pixels estaban a la orden del día y los polígonos eran un sueño lejano que raramente tenía cabida en los videojuegos.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.