TIGERSHARK

Si el mar fuera como lo pintan los codificadores de n-Space, no importaría que lo drenaran para edificarlo.

Hasta Neptuno se haría especulador inmobiliario en esta expansión del secano en nombre del buen gusto.

Dicho lo cual, GT Interactive tiene un historial irregular.

Ha producido algunos de los mejores títulos de PlayStation, pero también ha creado otros que da pena verlos.

Por ejemplo, ¿cómo se explica que un mes estuviésemos jugando con War Gods y el siguiente llegase a nuestras manos el increíble Abe’s Oddysee?.

En fin, la constancia no ha sido precisamente la mayor virtud de este consagrado equipo.

Es cierto que este juego prometía mucho durante la fase de diseño.

Una nave que es capaz de atacar tanto por encima como por debajo del agua, se enfrenta a una flota soviética para salvar al mundo libre.

¡Perfecto!.

Por desgracia, algo salió mal – rematadamente mal – en la fase de programación.

En Tigershark pilotas algo parecido a un prototipo de película de Batman.

El D-pad te permite controlar la dirección de vuelo, mientras que con los botones de la derecha repartes jubilosamente la munición – rayos láser y torpedos bajo el agua; ametralladoras y misiles en la superficie -; asímismo, con los botones superiores derechos puedes controlar la velocidad.

Este sistema funciona la mar de bien y el Tigershark vuela a la perfección.

Entonces, ¿cuál es el problema?.

El naufragio del juego empieza por los gráficos.

Mientras lo exprimíamos para confeccionar este artículo, alguien que pasaba por aquí comentó lo mucho que se parecía a un título para Super Nintendo, y no de los mejores…

Pensándolo bien, ese espectador no iba del todo desencaminado.

Parece que se haya diseñado con sólo tres colores, gris, azul y rojo.

Las naves enemigas son catastróficas, todo tiene un aspecto rígido y acartonado y nada certifica que estés bajo el agua; por no tener, no tiene ni un par de burbujitas de vez en cuando.

La acción tampoco es nada del otro jueves.

Te limitas a volar de un lado a otro intentando dar en el blanco a una serie de objetos, al tiempo que procuras que no te alcancen.

Y aunque las misiones sí tienen objetivos, su diseño es paupérrimo y enseguida se vuelven repetitivas.

Para colmo de males, la jugabilidad deja mucho que desear.

Después de un rato manejando la nave, nos aburriremos tanto que nos quedaremos en el fondo del mar disparando contra los bloques de la torre.

Si a los nefastos gráficos le sumas la acción insuficiente, el resultado es un auténtico mar de confusión y caos.

La sentencia puede parecer severa, pero jugar cinco minutos con Tigershark es cuanto necesitas para formular aquello de “una y no más, Santo Tomás“.

EN SÍNTESIS

Este juego intenta ser algo que no es.

Unos gráficos pésimos y una acción casi inexistente hacen de este título una experiencia difícil de olvidar.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.