TIGERSHARK

Si el fondo oceánico se pareciera siquiera mínimamente a la representación ideada por los codificadores de N.Space, poco importaría que lo drenaran para edificarlo.

Pues incluso el mismísimo Neptuno optaría por hacerse especulador inmobiliario en una anodina expansión de secano en nombre del buen gusto.

Huelga decir que el historial de GT Interactive, que a la postre fueron los editores de este nefasto ¿juego?, presenta una trayectoria cuanto menos irregular.

Cierto es que produjo algunos de los mejores títulos disponibles para PlayStation, pero en cambio también creó otros tantos que pecaban de ser lamentables.

¿De qué otro modo se podría explicar que un mes estuviera disponible el ominoso War Gods para al cabo de pocos días poder adquirir el sobresaliente Abe’s Oddysee?

Sea como fuere, resulta evidente que la constancia distaba mucho de ser una de las principales virtudes de este consagrado equipo.

Respecto al TigerShark, la verdad es que el programa prometía muchísimo durante la fase inicial de diseño, donde una nave capaz de atacar tanto por encima como por debajo del mar se oponía a toda la flota soviética con el de fin de salvar al mundo libre – un argumento que bien podría causar furor en el territorio americano, dicho sea de paso -.

Tristemente alguna cosa salio mal, terriblemente mal, en la siguiente fase de programación.

En este mal llamado juego el usuario pilota una suerte de prototipo que parece extraído de cualquier largometraje de Batman.

Y así, el pad direccional permite controlar la trayectoria del vuelo, mientras que los botones de la derecha están reservados para la munición, ya sean rayos láser y torpedos bajo el agua, o bien ametralladoras y misiles sobre la superficie; quedando los botones superiores destinados a controlar la velocidad del vehículo.

Por descontado que este sistema se adapta con soltura a las necesidades que plantea el desarrollo, y la máquina responde a la perfección.

¿Cómo puede ser posible entonces que naufrague el programa?

La causa hay que buscarla en un apartado gráfico paupérrimo, donde abundan en exceso los colores grises, azules y rojos.

No en vano el usuario podría llegar a pensar que muchas de las fases han sido diseñadas exclusivamente mediante el empleo de estos tres colores, y hasta podría decirse sin mucho margen de error que el título se asemeja en gran medida a otros tantos de Super Nintendo, salvo que carente del encanto y carisma de aquellos cartuchos.


Las naves enemigas son catastróficas, todo luce un aspecto rígido y acartonado y nada hace intuir que el vehículo se sumerja bajo el agua, pues ni tan solo aparecen ocasionales burbujas por el escenario.

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La acción tampoco destaca por su brillantez precisamente, ya que a grandes rasgos el cometido del usuario consiste en limitarse a volar en diversas direcciones tratando de acertar a una serie de objetos al tiempo que procura por todos los medios que estos no le alcancen.

Y aunque las misiones si presentan algunos objetivos, su diseño deja bastante que desear y no tardan en volverse repetitivas.

Por si estos detalles no bastaran, pese a la buena respuesta del vehículo la jugabilidad se mantiene en la línea del resto de apartados, dado que el aburrimiento no tarda en hacerse notar.

Si a los gráficos dominados por los azules, grises y rojos, se le suma una acción casi inexistente y una nula originalidad, el resultado es un auténtico mar de confusión y caos.

Tal afirmación podría parecer severa, injusta quizá, pero tras jugar más de cinco escasos minutos con TigerShark el usuario no tardará en llegar a la misma e inequívoca conclusión.

En síntesis…

TigerShark transmite la triste impresión de querer ser algo que no es.

Unos gráficos deplorables y una acción casi nula hacen de este título una experiéncia bastante prescindible.

Aunque como suele decirse, menos da una piedra.
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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.