TROJAN

Trojan Capcom Arcade NES Xtreme Retro Pixel Art

Siempre he aborrecido el sistema de control de los arcades de acción en el que se adjudica el salto a presionar el joystick hacia arriba.

Lo detesto porque me parece poco intuitivo y aún menos preciso.

Sin embargo, algunos de mis títulos clásicos favoritos funcionan así: Green Beret, Kung Fu Master o el juego que nos ocupa; Trojan, de Capcom, de encendidísima dificultad pero eterno magnetismo.

Llegados a este punto, debo confesar que nunca he terminado Trojan.

Algo me fuerza a concluir el juego sin continuar la partida, o no terminarlo nunca.

Pero poco importa, pues mis momentos favoritos de Trojan permanecen anclados a la primera fase, aquella en la que nuestro sufrido héroe avanza por una ciudad devastada tras un holocausto de a saber qué categoría, enfrentándose con los amigos de Hummungus, que decía Max.

Estás hecho una pena.

La extraordinaria ambientación, el desarrollo poco dado a estridencias – saltos minúsculos, obligado empleo del escudo, espada ridículamente corta, movimientos exasperadamente lentos, barra de energía reducidísima – y, sobre todo, la magnífica banda sonora de Ayako MoriGhosts’N Goblins – incitan a volver una y otra vez a esa ciudad que se cae a cachos.

Hubo ports domésticos de Trojan, faltaría más.

Uno de ellos tan valorado como el de NES, que como tantas otras conversiones de arcade para la consola de Nintendo en aquella época, añadía desarrollo y mecánica extra; en este caso, un modo de combate Versus, en lo que se convertiría nada menos que el primer juego de lucha de Capcom -, pero me quedo con la insufrible e indecente dificultad de la coin-op original y su sobria insistencia en castigar al jugador con una mecánica pulcra, exacta e inconquistable.

Por cierto, ¿saben que al igual que sucedía en Ghosts’N Goblins, si algún fiera se acaba el juego debe repetir todo el trayecto para poder contemplar el auténtico final?.

Lo que nos faltaba ya para el duro…

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.