UN MILLÓN DE GRACIAS

Antes de continuar con el texto, querido lector, quiero dejar claro que esta entrada se distancia mucho de la tónica general en esta página, pues poco o nada tiene que ver con la industria del ocio electrónico.
Hecha esta aclaración previa, me gustaría hacerme eco de un par de noticias que leí hace ya largo tiempo.
La primera se refería a un difunto vestido con un colorido pijama.
Hasta este punto no se aprecia nada insólito, pues resulta habitual fallecer con semejante indumentaria, especialmente si la persona afectada se encuentra durmiendo en el fatídico momento en que le sorprende la parca.
No obstante, dicha noticia aún ofrecía escasas aclaraciones, supongo que para acrecentar el morbo intrínseco de tan triste acontecimiento.
El muerto en cuestión estaba solo en su humilde habitación.
Esto reafirma la hipótesis inicial, de que aquella persona se acostó, muy probablemente sin saber, que jamás volvería a ver la luz del sol.
Con todo, merece la pena plantearse otra posibilidad: una agresión que derivó en tan funestas consecuéncias.
Sin embargo, no había señal alguna de lucha o cualquier actividad que pudiera parecerse siquiera mínimamente.
Para bien o para mal, un apuesto policía, según reflejaba la foto que acompañaba al artículo, afirmaba que con probabilidad su muerte se debía a un ataque al corazón.
Descartada, pues, la teoría conspiranoica del homicidio.
El cadáver en cuestión fue descubierto mientras unos sorprendidos trabajadores se disponían a demoler un edificio.
Esto sugiere que el sufrido protagonista de este trágico suceso decidió costearse una residencia humilde, acorde con sus posibilidades económicas.
Y aquí viene la parte más dramática de esta historia que nos traemos entre manos: el difunto era poco menos que un esqueleto que aún vestía con pijama.
Casi veinte años pasaron desde aquella triste noche, y nadie añoró a aquel pobre hombre.
Tras una intensa investigación, aseguraban, se descubrió que el sujeto se mudó allí después de pelearse con su esposa, que por supuesto no lo buscó nunca.
En su empresa supusieron que desapareció a causa de incontables deudas, por lo que tampoco les sorprendió excesivamente que aquel individuo faltara a sus quehaceres diarios.
Aparentemente incluso llegaron a localizar alguno de sus antiguos amigos, ausentes desde que éste les prestó dinero en metálico.
Tras leer esto, no pude sino cuestionarme la triste soledad en la que se encontraría nuestro pobre muerto con pijama, que llegó hasta el punto de abandonar este mundo, sin que nadie se interesara por él.
Eso me permitió a su vez reflexionar sobre la gente que está a nuestro lado, aquella que nos ama, lucha por nosotros contra viento y marea, y nos apoya en los momentos de flaqueza, independientemente de si lo merecemos o no.
Y me sirve a su vez de introducción para la siguiente noticia, de la que os hablaba hace largo y tendido.
No hace muchos años supe de una pequeña niña que fue duramente maltratada por sus progenitores.
Presentaba unas heridas de tal magnitud que perdió la movilidad del cuerpo, e incluso el habla.
Tras ser internada en el correspondiente hospital, una de las enfermeras le repetía constantemente yo te amo“.
Pese a la insistencia de los médicos por asegurar que sus esfuerzos eran vanos, ella jamás dejo de repetirle “yo te amo, no lo olvides“.
El resultado fue más que satisfactorio.
Meses después la niña volvía a andar, y con el paso del tiempo recuperó el habla, y también la sonrisa.
Por supuesto, aquella enfermera jamás concedió entrevista alguna, y su nombre permaneció en el anonimato.
Sin embargo, ha quedado constancia escrita de su historia, para que nunca olvidemos algo tan vital como que el amor puede llegar a curar nuestras heridas, aquellas que se ven, y las que permanecen ocultas a los ojos del resto.
Existen ocasiones en la vida en las que deseamos amar a nuestros seres más allegados, pero debido a causas externas permanecemos alejados, impedidos de acercarnos por la gran distancia que nos separa, o bien porque la persona amada se cierra en banda a cualquier gesto afectivo.
Pero incluso en esos momentos, cuando todo parece perdido e inútil, siempre podemos amar, aún sin esperar recompensas, agradecimientos, o cambios perceptibles.
En cierto modo, pienso que si conseguimos mantener esa conducta, el propio amor empieza a transformar el universo que nos rodea, llegando hasta la persona deseada.
En palabras del célebre Henry Drummond:el tiempo no transforma al hombre.
El poder de la voluntad no transforma al hombre.
El amor transforma“.
No obstante, el amor también se puede convertir en una trampa para la persona que decidió entregarse por completo.
Sin lugar a dudas en su sentimiento complejo, pero ciertamente positivo en la mayoría de los casos, pues nos mantiene vivos, en lucha constante, y nos fuerza a mejorar.
Es una esperanzadora sensación que está presente en las pequeñas cosas de nuestro día a día, y en todas aquellas actitudes que adoptamos conforme nos relacionamos con el prójimo.
Llamar por teléfono para decir una simple palabra cariñosa, en lugar de aplazarla.
Pedir perdón por el daño que hemos causado a los demás, aunque sea sin mala intención.
Y por supuesto, no ceñirse a ningún planteamiento establecido, porque como todo en la vida, el amor también necesita un poco de creatividad.
Incluso cuando nada de esto resulta posible, y la soledad se hace tan palpable como la que sufría nuestro pobre muerto en pijama, merece la pena recordar el siguiente relato:
Una rosa soñaba cada día y cada noche con la preciada compañía de las gentiles abejas.
Sin embargo, ninguna acudía a posarse sobre sus pétalos.
Pese a ello, la flor continuaba soñando tanto como le era posible, y así conseguía resistir durante las frías noches, hasta que el sol se alzaba por el horizonte.
En una de aquellas interminables horas de vigilia, la luna sintió curiosidad y le preguntó a la rosa:
– Acaso no te cansa esperar?
– En efecto, pero debo mantenerme firme y seguir luchando.
– Por qué motivo?
– Porque, si no me abro, me moriría.
Por eso, en los momentos en que la soledad llama a nuestra puerta, las dudas golpean con fuerza, y el miedo hace mella en nuestro corazón, la única forma de resistir es permanecer abierto al amor.
Y a santo de qué viene todo este rollo se preguntará más de uno.
Pues se debe, ni más ni menos, a que el amor tiene muchísimas formas de expresarse, y también de manifestarse.
Por ello quiero agradecerle muy especialmente a nuestro inconfundible Adol3 su generoso acto, que ahora sí ha llegado a buen puerto.
Había perdido la esperanza, pero tu regalo consiguió dibujar una sonrisa en mis labios.
Ni te imaginas cuantísimo te agradezco tu apoyo incondicional.
Este “pachucho” está en deuda contigo, amigo mío.
También me gustaría agradecerle a Sabrina sus continuados gestos y atenciones.
A Marina, su tiempo y dedicación.
Y a Tamara, porque al igual que aquella triste y solitaria rosa, me permite seguir soñando un poquito más.
A todos vosotros, los que he citado y los que no, un millón de gracias por el interés que habéis demostrado llegando hasta este punto, en una carta fruto de mis desvaríos varios y eterna gratitud.

Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.