UNA DE ESPÍAS

Metal Gear Solid PSX Solid Snake Pixel Art Xtreme Retro Konami Hideo Kojima

A menudo me llegan correos pidiendo que recomiende un título para jóvenes.

Algo que los anime a jugar, enriqueciendo así sus experiencias.

Pero en esta industria, la palabra jóvenes es ambigua y peligrosa, de modo que no suelo meterme en ese tipo de jardines.

Cada cabeza es un mundo aparte.

Por lo demás, creo que, salvo contadas excepciones, lo que establece la diferencia entre un juego para jóvenes y otro para adultos es la edad de quien se pone a los mandos.

Unos programas encuentran al aficionado en el momento adecuado, y otros no.

The Legend of Zelda: Ocarina of Time, por ejemplo, puede fascinar lo mismo a un joven de quince años que a un hombre de cincuenta.

Y no sabría decir cuándo es más placentero y provechoso perderse en los mundos de Wonderboy III: Dragon’s Trap, Sonic CD o Super Mario Bros 3, por citar algunos clásicos sobradamente conocidos.

Hay una aventura, sin embargo, con la que tengo la certeza de ir sobre seguro, pues no conozco a ninguno de sus usuarios, jóvenes o adultos, que no hable de ella con entusiasmo.

Con su título ocurre como con tantas obras maestras: el fenómeno de masas lo hizo todavía más popular, devorándolo, y al fijarlo en el imaginario colectivo desvinculó el mito del sistema que lo vio nacer.

Pero ese juego extraordinario sigue ahí, esperando que manos afortunadas lo abran y se estremezcan con su invención perfecta, su belleza y su trama sobrecogedora.

El juego en cuestión se llama Metal Gear Solid, y poco o nada tiene que envidiar a los legendarios proyectos de MSX2.

No obstante, el compacto de PlayStation y GameCube es de una modernidad que apabulla.

Para construirla, Kojima se zambulló en los originales, sin que nada entorpeciese con erudiciones inoportunas, a la hora de escribir el guión, la limpia eficacia de su historia, a la que aplica una factura técnica complicada, impecablemente resuelta, que ya quisieran para sí muchos de los que, a estas alturas de los tiempos, pretenden romper o reinventar las reglas del juego.

Además, están los personajes.

Complejos, humanos hasta el dolor, inhumanos hasta la crueldad objetiva y fría.

Muchos de ellos proceden, sin duda, de algún país donde la miseria y la congoja son tan naturales como la vida y la muerte.

Donde el sufrimiento no es algo que los seres humanos consideran extraordinario y lejano, sino que forma parte de la existencia, y como tal se asume y afronta: lugares dejados de la mano de Dios, donde un viejo soldado es todavía alguien a respetar, o a temer, según se mire, pues su imagen cansada contiene, a fin de cuentas, el retrato futuro de uno mismo.

Lugares donde la vejez, el suplicio y la muerte no se disimulan.

Sitios, en suma, donde la vida bulle como siempre lo hizo, la solidaridad entre desgraciados sigue siendo mecanismo de supervivencia, y la gente, curtida por el infortunio, lúcida a la fuerza, se mira a los ojos lo mismo para matarse que para amarse o ayudarse entre sí, quizá por puro instinto, sin razonar ni esperar nada a cambio.

Metal Gear Solid Pixel Art Solid Snake Liquid Snake PSOne Xtreme Retro Konami

Y es que, por encima de todo eso, Metal Gear Solid es una magnífica epopeya que a ningún aficionado deja indiferente.

El mejor juego de la historia“, afirmaban numerosas publicaciones de la época.

Así que, señora, caballero, o quien diablos sea usted, permítame una sugerencia: si esa lastimosa criatura suya pretender amenizar sus calurosas tardes de verano con algún título, pruebe suerte con Metal Gear Solid.

A usted, de paso, tampoco le vendrá mal.

Échele un vistazo, y ya me contará.

Tan seguro estoy de eso que, si ha decidido comprarle el juego y no funciona, yo mismo le devuelvo su dinero.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.