UNA DÉCADA DE JUEGOS INDIE EN CONSOLA

Desde que los juegos indie llegaron para quedarse en nuestras consolas hace diez largos años, al comienzo de la anterior generación, de forma cada vez más progresiva han sido capaces de ir derribando muros y convenciones.

Para mí, la última que han destruido, pero desintegrándola a nivel molecular, es el concepto del “precio”.

Los juegos indie siempre han tenido la vitola, más bien el “complejo”, de ser más económicos porque sus medios, la ambición del proyecto o la propia duración del juego eran inferiores.

Pero hasta eso parece ya cosa del pasado.

Sólo hay que echar un vistazo a algunos de los lanzamientos de los últimos meses, para comprobar que ya nada volverá a ser como antes.

Si empezamos por lo nuevo de Ninja Theory, Hellblade: Senua’s Sacrifice, cuyos creadores han definido como “Indie AAA“, el juego ofrece un diseño técnico al nivel de las grandes producciones – ojo al sonido, único en su especie – y una duración pareja a la de una aventura “normal”, en torno a las 10-12 horas, alguna más si aspiras a verlo y hacerlo todo.

Todo el juego, sin olvidar mecánicas originales y que varían de unos capítulos a otros, es el mejor ejemplo de que los valores de producción AAA no están reñidos con la filosofía independiente, ni con otras variables como el precio, que en este caso es de 30 euros.

Sonic Mania, por su parte, revolucionó el mes de agosto con un clasicazo que bebía de los originales de Mega Drive, tanto en lo estético como en lo jugable, ofreciendo una docena de niveles altamente rejugables, regados con una importante ristra de secretos y elementos desbloqueables.

Por 19,99 euros, tenías juego para rato.

Y ya en septiembre hemos podido saborear Streamworld Dig 2, un metroidvania de ambientación minera y robótica que, por otros 19,99 euros, fácilmente deja una docena larga de horas, para apenas rozar el 75% de todo lo que tiene que ofrecer.

¿Y qué me decís de Ruiner?.

Un juego de acción difícil, a lo Hotline Miami, que despliega un soberbio apartado visual, con una arrolladora personalidad cyberpunk que remite a clásicos como Akira o Ghost in the Shell, y que por otros 19,99 euros deja una experiencia cercana a las 8 horas, con un sistema de habilidades que nos permite jugar como queramos en cada momento.

Son sólo cuatro ejemplos, y recientes, pero vienen a poner de manifiesto justo lo que decía al principio, que las barreras de los precios ya no son indicativo de absolutamente nada.

Cada vez más juegos de 20 euros duran lo mismo que aventuras de 70.

Cuando se lanzó PS3 en 2.007, consola que inauguró el Store que conocemos, era fácil encontrar títulos que iban de los 2,99 a los 9,99 euros, con propuestas modestas como Super Rub ‘a’ Dub, el puzzle inspirado en la recordada demo de los patitos de goma, que costaba 4,99 euros.

O Blast Factor, un sencillo matamarcianos de ambientación celular.

Eran juegos simplones, que lograron establecer un mensaje claro, un equilibrio entre lo que ofrecían y su precio.

Hoy en día es más complicado encontrar títulos en esa franja de precio, pero a cambio tenemos obras más complejas en todos los sentidos, tanto en lo técnico como en lo relativo a las propias mecánicas de juego.

Eso ha traído de la mano un incremento en su precio, algo comprensible si vemos que su crecimiento, en miras de ambición, está supliendo a las mil maravillas a los juegos “de clase media” que las editoras han dejado de producir y lanzar, paulatinamente, desde 2.008 hasta nuestros días.

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Xtremeretro

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