UNA JOVEN AFICIONADA AL MUNDO DE LOS VIDEOJUEGOS

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Conozco a una niña de tierna edad muy sensibilizada con el asunto de los videojuegos.

Lee mucho, acostumbra a ver buenas películas en el cine, y por alguna razón que desconozco, ha adquirido la convicción de que la industria está degenerando, perdiendo parte de sus valores a toda prisa y de muy mala manera.

Eso la pone en pie de guerra, y nos dice a los mayores que estamos haciendo con el sector lo mismo que esos tutores malvados en las novelas de Dickens: gastarnos la herencia del pobre huerfanito.

Así que mi joven amiga, relampagueando en sus hermosos ojos oscuros la cólera de Dios, pone el grito en el cielo cada vez que asiste a nuestros desmanes de adultos.

Es inteligente, dulce y pacífica.

Tímida, a veces.

Pero la he visto saltar con la decisión de un kamikaze, indignada y valerosa, cuando alguien habla mal sobre el medio frente a ella.

Además, su corazón es bondadoso, y no existe chucho callejero, gato sarnoso, urraca ladrona o bestezuela indeterminada para la que no tenga una caricia, una palabra de ternura, o acaso un pensamiento.

Quizá por ese motivo le apasionan los manidos plataformas gestados en la década de los noventa.

De hecho, la única vez en su vida que la he visto permanecer inmovil ante la pantalla del televisor, sin que hubiera una consola de por medio, fue gracias a un vídeo promocional de la época, de aquellos que acostumbraban a repartir con las revistas especializadas.

Pero me desvío del tema y, como les iba diciendo, a pesar de su temprana edad es adicta a la lectura.

Tanto, que sus padres jamás la creyeron capaz de calzarse “De Super Mario a Lara Croft: la historia oculta de los videojuegos” en apenas tres semanas.

Suele manifestarse también contra la opinión de su abuelo materno.

Que los videojuegos no son violentos – matiza – sino que los personajes sólo se defienden.

Que no te enteras de nada, yayo.

Podría contarles más cosas, pero no me caben.

Resumiremos diciendo que cada título inacabado es una batalla perdida; que las opiniones indiscriminadas – y a menudo mal formadas – la ponen furiosa.

Tiene su cuarto repleto de imágenes de Sonic y compañía, y adora el símbolo de Nintendocuando todavía era rojo“.

Y los chicos de su clase, claro, caen rendidos a sus pies, porque es al mismo tiempo dulce y tierna, y tiene las ideas muy claras.

Pero lucha sola, precoz y a su manera, en un mundo donde la solidaridad resulta escasa y dolorosamente necesaria.

Así que un día sus padres le sugirieron que se pusiera en contacto con alguna revista de probado prestigio, a fin de que aprendiese más cosas, que ensanchara su pequeño horizonte en contacto con otra gente que comparte los mismos ideales y atesora más experiencia.

Acogió con entusiasmo la propuesta y, según tengo entendido, escribió una larga y lúcida carta que rebosaba ilusión, ofreciéndose para cualquier cosa, pidiendo consejo e información sobre aquello en lo que podía ser útil.

Durante más de un mes acechó cada día el correo.

Y por fin llegó la tan esperada respuesta: un sobre con impresos para la domiciliación bancaria, incitándole a suscribirse.

Eso fue todo.

Ni siquiera una explicación, una carta personal, o una mísera palabra de aliento.

Las reflexiones morales y económicas del asunto, sobre cómo un negocio que debería enarbolar su bandera con toda la ilusión mundana pero se obceca con los frios mecanismos burocráticos, incapaz de calibrar los sentimientos y anhelos de una joven admiradora, las dejo para cada cual.

Me contaron que su padre escribió otra breve carta, sugiriéndoles lo que podían hacer con el boletín de suscripción, una vez lo hubieran enrollado hasta convertirlo en un canuto de dimensiones apropiadas.

En cuanto a nuestra pequeña aficionada, creo, sigue luchando sola.

No cedió al desánimo, pero aprendió una valiosa lección que al arriba firmante le costó más de treinta años asimilar, y es que más vale estar solo que mal acompañado.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.