UNAS NAVIDADES (IM)PERFECTAS

Con frecuencia tengo la impresión vivir entre una raza de hombres perfecta, yo, el más imperfecto de los hombres; un caos humano, nebulosa de confusos elementos que deambula entre mundos perfectamente acabados.
Entre pueblos que se rigen por leyes bien elaboradas y que obedecen a un orden puro, cuyos pensamientos están catalogados, cuyos sueños son ordenados, y cuyas visiones están inscritas y registradas.
Sus virtudes están medidas, sus pecados bien calculados por su peso, y aún los innumerables actos que suceden en el nebuloso crepúsculo de lo que no es pecado ni virtud están registrados y catalogados.
En este mundo, las noches y los días están convincentemente divididos en estaciones de conducta, y son gobernados a su vez por normas de impecable exactitud.
Comer, beber, dormir, cubrir la propia desnudez, y luego cansarse, todo a su debido tiempo.
Trabajar, jugar, cantar, bailar, y luego yacer tranquilo, cuando el reloj de la hora para ello.
Pensar esto, sentir aquello, y luego dejar de pensar y de sentir cuando cierta estrella se alza en el horizonte.
Robar al vecino con una sonrisa, dar regalos con un gracioso además, elogiar prudentemente, acusar con cautela, destruir un alma con una palabra, quemar el cuerpo con el aliento, y luego lavarse las manos, cuando se ha terminado el trabajo del día.
Amar según el orden establecido, entretenerse en lo mejor de uno mismo según cierta manera prefabricada, rendir culto a los dioses con el debido decoro, intrigar y engañar a los demonios diestramente, y luego olvidarlo todo, como si la memoria hubiese muerto.
Imaginar con un motivo determinado, proyectar con consideración, ser feliz debidamente, sufrir con nobleza y luego, vaciar la copa, de manera que mañana podamos llenarla otra vez.
Todas estas cosas están concebidas con preclara visión.
Han nacido con un propósito firme, se mantienen con esmero y exactitud, se gobiernan según las normas y la razón, y luego se asesinan y se entierran según el método prescrito.
Y aún en sus silenciosas tumbas que yacen dentro del alma humana, cada una tiene su marca y su número.
En definitiva, este es un mundo perfecto; un mundo de consumada excelencia, de supremas y maravillosas cosas.
Por ello, y más en estas fechas, os invito a reflexionar y a mantenerse como aquella semilla de pasión insatisfecha, loca tempestad que no va en pos del oriente ni del occidente.
Y en no pocas ocasiones, a recordar vuestras propias vivencias y volar en alas de la muy propia fantasía.
Dicho esto, tan sólo me resta desearos unas felices fiestas y, ahora si, una perfecta despedida para este año que agoniza.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico.
Pasad, pasad… bajo vuestra propia responsabilidad.