VENEZUELA PLANEA PROHIBIR LOS VIDEOJUEGOS

La Asamblea Nacional Venezolana ha aprobado en sesión extraordinaria un proyecto de Ley que pretende prohibir los videojuegos y los juguetes bélicos. El proyecto fue presentado por el partido “Patria para todos” basándose en imágenes de dos juegos concretos, a saber, Resident Evil y Grand Thief Auto, como era de esperar. Y es que como todos sabemos, se trata de dos grandes sagas representativas del conjunto global de los videojuegos. Ya que todos los niños saben que existen juegos violentos como Super Mario, con sangre y vísceras a raudales. Y no hablemos ya de los Pokémon, mucho más sanguinarios que los zombis.

Esta propuesta permitiría al Instituto de Defensa de las Personas en el Acceso a Bienes y Servicios, adoptar todo tipo de medidas fiscales para aquellos que comercian con videojuegos. Es decir, para todos aquellos que se dediquen a fabricar, distribuir, importar, vender o alquilar videojuegos, con unidades comprendidas entre las 500 y las 5000 unidades tributarias.

Partiendo de la base de que “los videojuegos son consecuencia del capitalismo salvaje“, como bien asegura el diputado Juan José Molina, el Parlamento considera que esta es la mejor manera de proteger a los infantes contra todo tipo de violencia.

Seamos sinceros, éstas medidas atentan contra la libertad de los individuos que pueden verse privados de algo tan elemental como decidir en qué invertir su tiempo de ocio, o incluso privarlos de comerciar con un producto que es totalmente lícito.

La medida como tal se muestra ineficiente, desde el momento en que usa y fomenta el mal nombre de los videojuegos, en lugar de buscar causas reales sobre la propia violencia, hecho por el cual está condenada al fracaso.

Resulta más cómodo culpar a los videojuegos, que revisar el sistema educativo, los valores inculcados, o la falta de éstos mismos, la desatención por parte de los padres, o incluso la falta de medios en los centros educativos.

No hay que olvidar que cada juego está orientado a un público determinado y muy concreto, por lo que, si se siguen las directrices adecuadas, no debería ser posible que un niño a temprana edad se encontrara jugando a un juego de violencia extrema y un lenguaje no del todo apropiado.

Pero aunque se diera el caso, si los padres cumplen con su deber y el niño es educado conforme a una serie de valores y a un patrón de acuerdo con lo que dicta el tipo de sociedad, no debería haber mayor problema, pues la criatura sería perfectamente capaz de discernir entre los actos que son adecuados a un contexto dado, y los que no lo son.

Todo eso sin mencionar la falta de valores de los propios políticos; valores de los que se jactan y se creen poseedores de la verdad absoluta. Pues entienden que tienen el derecho de prohibir el acceso a un medio, sin preocuparse de buscar una solución efectiva contra los problemas con los que conviven. Y pueden irse de ese modo a casa, con el sentimiento de la labor cumplida y un trabajo bien hecho.

Todo eso siendo absolutamente ignorantes en la materia, pues cualquier persona que haya tenido un mínimo contacto con el mundo de los videojuegos, sabe sobradamente que un videojuego es mucho más que Resident Evil y Grand thief Auto. Y que la violencia gratuita puede atraer a un tipo determinado de usuarios, que dista mucho de ser la norma general en lo que al medio se refiere. Y aunque lo fuera, no deja de ser un hecho ficticio, que no debería influir en el desarrollo de la criatura ni perjudicar en modo alguno su salud mental, ni mancillar su pensamiento, siempre que los padres y responsables de su educación sepan qué tipo de juegos son los adecuados para sus hijos, y darles una serie de parámetros sobre los que moldear su conducta y su pensamiento.
Me parece mucho más preocupante que los políticos pretendan pensar por la población, y prohibirles de forma tajante algo que hasta la fecha se ha visto con buenos ojos, y que no ha causado mal alguno en el conjunto de la sociedad.

Me recuerdan en gran medida a aquel predicador que aseguraba que “los Nintendos” eran el diablo, y que sin duda te condenabas al fuego eterno si osabas jugar con alguna máquina de la compañía, cualquiera que fuera, pues nombraba casualmente los mismos juegos que estos individuos, juegos que precisamente no abundan en las consolas de Nintendo; y en proporción, el porcentaje de juegos de temática adulta es bastante reducido por lo general.

Aún espero a que algún político nombre algunas de las virtudes que se ven de forma tanto o más explícita, y hay muchas donde elegir, incluso en juegos salpicados de cierta violencia. Sin ir más lejos, unos ideales por los que luchar y defender, compromiso con una meta en concreto, la intención de salvar a un ser querido, o el sacrificio personal en favor de los menos favorecidos, la lucha por salvar a un pueblo o nación, el amor en estado puro, amistad, compañerismo, espíritu de superación, y un largo etcétera.

Pero no nos hablan de ninguno de éstos valores que tratan de inculcarnos con los videojuegos; en lugar de eso, prefieren limitarse a ver varios minutos de Resident Evil y Grand Thief Auto. Juegos que para nada han sido seleccionados al azar y que, pese a ser fantásticos en sus respectivos géneros, no definen ni mucho menos un mercado que cada vez abarca nuevos géneros y nuevas formas de jugar.

Confió y espero por el bien de todos los venezolanos que no lleven a buen puerto ésta medida, y que los políticos traten de documentarse de vez en cuando sobre aquello que votan.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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