VICTOR PRIEGO, UN REDACTOR SIN SUERTE

Victor Priego Pixel Art Xtreme Retro

Es flaco, tiene unas ojeras prominentes, y en estos días de frío en que suele andar tieso de viruta, y no tiene ni para tomarse un cortado, se pone su vieja gabardina y entra en La oveja negra para sentarse junto a la barra, mirando al personal, que es gratis, mientras algunos parroquianos del lugar le dan conversación y pitillos sueltos.

El arriba firmante, a quien distingue con una de esas amistades que no elige uno, pero le caen encima como cadena perpetua, tiene una foto suya en la que aparece con la frente arrugada y una sonrisa mal disimulada.

La misma foto que lucía en su difunto blog, que estuvo activo durante casi un año y a duras penas recibió ciento tres míseras visitas marginales.

Soy el rey del best-seller para minorías“, solía decir, y todavía no le ha disparado nadie.

Más no pierde la esperanza.

Entre una cosa y otra, tiene un talento que le sale por los desgarros del alma, un buen humor inquebrantable y desesperado, y las trazas del perdedor que se mira al espejo cada día y lo sabe, pero se resigna.

Si un año de estos canta bingo, su próximo blog se hará famoso.

Si no, envejecerá en silencio, entre nerviosas caladas de pitillo, con ese talante resignado, sarcástico, teñido de mala leche, que trae la certeza de hundirse lastrado por la propia inteligencia mientras alrededor tanta inmundicia florece.

Entretanto lee, escribe, espera y confía.

Lo de leer no siempre lo tiene fácil, porque ya les he dicho que suele andar tieso como la mojama; pero siempre hay amigos que le prestan una revista especializada, o se la regalan.

Y libreros que le fían, de buen grado o a la fuerza, que tiene más encanto.

Y a veces no sólo libreros, sino kioskos y sitios así.

Como él mismo acostumbra a decir, es dura la vida del artista.

Uno de sus artículos, si mal no recuerdo, empezaba con la frase “Dios mío, no me ayudes, pero tampoco me jodas“.

Y hay días en que eso es lo único que le pide a la vida, que no le joda.

Su novia es una belleza de piernas largas que trabaja como modelo, entre otras cosas porque alguien tiene que meter dinero en las pensiones que van recorriendo a modo de casa; y el problema es que a menudo, después de cada sesión de trabajo, Victor tiene que ir a buscarla, andar apartando buitres, o incluso liándose a hostias con los fulanos que ignoran que Adela está loca por él.

Se la cameló hace cuatro largos años, cuando trabajaba de camarera en un bar de copas caras, la noche en que ella le preguntó qué vas a tomar, y él, que iba sin un duro, pidió agua del grifo.

Con mucho hielo, si no te importa.

Claro que el sistema no siempre funciona.

Le han partido la cara un par de veces, y es que su capacidad para verse acosado por matones, acreedores, caseros y cobradores de recibos resulta proverbial, inaudita.

Mientras tecleo estas líneas anda mudándose de un sitio a otro, no me cabe duda, con un ojo en los cajones donde transporta sus viejas revistas de videojuegos y el otro en las esquinas, porque alguien que salía retratado con malas tintas en su difunto blog – uno de sus cientro tres lectores, que ya es mala suerte – anda por ahí, tras él, con la intención de ponerle mirando a Triana en concepto de derechos sobre propiedad intelectual de su persona.

Son gajes del oficio, dice, estoico.

Riesgos del noble arte de gestionar un blog.

De todas formas, lo que no mata, engorda.

Y aunque es difícil que este tipo entrañable engorde algo, igual sobrevive a la mala ruina patatera y flamenca que se ha echado encima, y termina por encontrar un trabajo estable, que le permita dar salida a ese otro blog que viene gestando entre fugas, esquinazos y sobresaltos.

Un blog sobre videojuegos, claro está, como el anterior: duro, nervioso y bronco, pero con humor y ritmo de música en la estructura.

A veces, entre dos cañas, se inclina sobre la mesa y me susurra un párrafo corto y rotundo como un disparo, antes de quedarse observando mi careto para ver el efecto.

Yo lo miro impasible, pido otras dos cañas y no digo nada.

El muy cabronazo.

Párrafos que dan envidia, porque son de esos que salen cuando Dios o el diablo sonríen y te ponen la mano en el hombro.

Líneas, en suma, que desearía escribir uno mismo.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.