VIRTUA FIGHTER Y EL TRIUNFO DE LAS 3D EN LA LUCHA

Virtua Fighter ostenta el honor de ser considerado como el pionero entre los juegos de lucha tridimensionales.
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No en vano, también podría decirse de este programa que fue el primero en combinar con cierta maestría un espectáculo visual sin precedentes con un respeto meticuloso por las artes marciales; unos valores que han llegado a convertir a la franquicia en la más técnica de todas cuantas se han visto hasta la fecha.


Y es que con anterioridad a la primera entrega de Virtua Fighter, el denominador común en este género era el uso predilecto de las 2D, además de una imaginación portentosa que quedaba patente en la gran mayoría de los ataques especiales disponibles.

Con el paso del tiempo comenzaron a surgir una gran diversidad de títulos con los que se pretendía renovar el concepto existente sobre lo que se suponía debía ser un buen juego de lucha, como resulta evidente con el laureado 4D Sports Boxing, un notable simulador de boxeo en 3D.

Pero tuvo que ser el inconfundible Yu Suzuki, uno de los grandes genios de la programación para los salones arcade, quien dictó el rumbo a seguir a partir de entonces.



De modo que la lucha quedó enmarcada dentro de un cuadrilátero de reducidas dimensiones, ganando además muchísimos enteros en cuanto a realismo se refiere – tanto es así que el propio Yu Suzuki motivó a su equipo para que se instruyera de primera mano en distintas artes marciales -, si no tenemos en consideración los saltos de varios metros de altura, androides metalizados, y algún que otro ataque imposible.


No olvidemos que, a pesar de todo, esto no deja de ser un videojuego, lo que siempre se presta a la inventiva con tal de beneficiar en intensidad y dinamismo al desarrollo de los combates.

El rostro visible de la saga se corresponde con el de Akira, que vendría a ser el típico karateka japonés, y cuyos rasgos identificativos bien podrían equipararse con los del popular Ryu perteneciente a la serie Street Fighter, entre los que destacan su estilizado corte de pelo y un desgastado kimono que lucirá en la práctica totalidad de los enfrentamientos.


Pese a tratarse del protagonista en toda regla, en el momento de su concepción se le atribuía un papel bien distinto, pues el rol de personaje principal había sido reservado para Siba; si bien éste último terminó por ser eliminado del plantel original debido a sus rasgos árabes, lo que hizo temer al equipo encargado de la programación que surgiesen distintas críticas por parte de los sectores más conservadores, o bien que dicho luchador no encajara con los gustos ya preestablecidos por parte de los aficionados.

A modo de curiosidad cabe destacar que su desaparición distó de ser absoluta, pues su imagen quedó marcada para la posterioridad en la decoración de las primeras coinops, en las que sospechosamente su rostro aparece relacionado con el nombre de Akira, dicho sea de paso.


Para alegría y deleite de los incondicionales del género, el olvidado personaje volvió a hacer acto de presencia, y esta vez como un luchador seleccionable, en el sobresaliente Fighters Megamix, comercializado en exclusiva para la maltrecha Saturn.

En vista de las buenas críticas y las ganancias que había cosechado la versión arcade, Virtua Fighter no tardó en ser adaptado para las distintas consolas de SEGA, aunque con unos resultados que pecaban de modestos en el mejor de los casos, por no decir fatídicos, especialmente si nos referimos a la entrega de 32 bits – no confundir con la del 32X, cuyo acabado era técnicamente muy superior -.
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Tan decepcionante resultó esta adaptación que llegó incluso a cuestionarse la valía del programa, dejando vía libre para que Tekken, su principal competidor, irrumpiera en el mercado, conquistando el prestigio perdido que otrora parecía ser exclusivo de la creación del célebre Yu Suzuki.

Pero no todo fue negativo, pues el afamado programador aprendió de sus errores pasados para desarrollar así una de las mayores superproducciones que se han gestado en la industria del ocio electrónico, y que finalmente vio la luz en la añorada Dreamcast.

El título en cuestión no fue otro que el emotivo Shenmue, una videoaventura de proporciones bíblicas que tomaba como referencia al mismísimo Virtua Fighter para su sistema de batallas.

Tristemente, pese a las inmejorables críticas cosechadas, SEGA no consiguió reponerse del enorme desembolso efectuado para su desarrollo, lo que aceleró aún más si cabe el proceso hacia su perdición financiera.

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