WARCRAFT II: BEYOND THE DARK PORTAL

Como clásico que es, Blizzard no quiso dejar pasar la ocasión de que su obra hiciera acto de presencia también en las consolas de 32 bits.

Y el resultado de la conversión es cuanto menos satisfactorio, si bien transmite la impresión de que sus desarrolladores prescindieron de algunos elementos de vital importancia.

Por descontado, a finales de los noventa Warcraft II era uno de los más tradicionales juegos de estrategia disponibles en el mercado, pues para lograr tal fin sus creadores bebieron de no pocas fuentes que, desde hacía ya largo tiempo, habían definido las pautas del género.

No hay que pasar por alto que los programas de esta índole son realmente antiguos, aunque en consola tristemente no se han prodigado demasiado.

Llegados a este punto es preciso realizar dos breves recordatorios: el primero, The Ancient Art of War, aquel magnífico título de Broderbund que introdujo por vez primera lo que podríamos definir como batallas visuales; y el segundo, Dune II, que desarrollaba aún más si cabe el concepto de juego de estrategia haciéndolo asequible para cualquier tipo de usuario.

Y la lógica evolución llegó de la mano de Warcraft II, que por aquel entonces ya se había convertido en todo un clásico en el peculiar mundo de los PC compatibles.

Huelga decir que en su versión para consola el programa perdió gran parte de los alicientes que caracterizaban al original, pero no es menos cierto que muchas de estas mermas eran fácilmente solventables.

Sirva de ejemplo el soporte para ratón en PlayStation, un elemento crucial en un título como el que nos ocupa, y que por algún motivo desconocido no llegó a proporcionarse.

Otra de las escaseces se debía a la imposibilidad de jugar partidas en red, algo razonable tratándose de las añejas plataformas de 32 bits; lo que le restaba parte del atractivo del que hacía gala el programa tal como fue concebido.

Al menos hubieran podido servirse del cable de comunicaciones en el caso de PlayStation, aunque este no fue el caso.

Obviando estos pequeños detalles, Warcraft II seguía siendo un juego altamente recomendable que respetaba todos los valores que lo ensalzaron a la categoría de mito.

Evidentemente, estos fallos se fueron subsanando con el paso del tiempo.

RESUMIENDO

Gráficamente el título se mantiene al más alto nivel, pero es necesario destacar que en consola pierde parte de los detalles que era posible apreciar en las versiones originales debido principalmente a la baja resolución.

El apartado sonoro viene marcado por contundentes marchas militares y efectivas melodías disponibles para las intros, si bien durante la partida el silencio resulta de agradecer.
En cuanto a las voces llegaron a traducirse al castellano, y tampoco se descuidaron el resto de efectos de un acabado más que notable.

Por último, aunque el juego presentaba algunos defectos en sus versiones para consola, cabe decir que estos no afectaban en absoluto a la jugabilidad; obviando, claro está, a la ausencia de partidas en red.

En síntesis…

A finales de los noventa Warcraft II llegó a convertirse por méritos propios en uno de los reyes de los juegos de estrategia – para aquellos usuarios no puristas del género -.

A su favor cuenta con múltiples posibilidades prescindiendo de la austeridad que otros programas de estrategia puros desprenden.

Es dinámico y, por si fuera poco, puede presumir de textos y voces en castellano.

Si os gustan los títulos de estrategia, no dudéis en darle una oportunidad.

A destacar su excelente jugabilidad, aunque por contra en consola se nota la ausencia de un modo link, así como el nulo uso que se le daba al ratón de PlayStation.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.