WARIO LAND: SUPER MARIO LAND 3

Pese a que en la actualidad es norma habitual ver a Wario protagonizando toda clase de juegos para las portátiles de Nintendo, el lanzamiento de Super Mario Land 3 supuso un contundente golpe de efecto.

Y es que pocos se hubieran imaginado por aquel entonces que el mayor enemigo del fontanero, con permiso de Bowser, iba a robarle el estrellato para protagonizar uno de los títulos más galardonados del catálogo de la mítica Game Boy que, dicho sea de paso, nada tenía que envidiar al prestigioso Super Mario Land 2, lo que ya da una buena muestra del talento que atesora el cartucho.

Aunque dotado de una personalidad y un estilo muy propio que difería en gran medida con el simpático y bonachón héroe de Nintendo.

De este modo Wario pasará olimpicamente de las nobles y altruistas causas que siempre han impulsado a su némesis particular, con el rescate de princesas a modo de ocupación principal, para centrarse en otros quehaceres más provechosos procurando enriquecerse a toda costa, para lo que no dudará en robar a unos incautos piratas y, ya puestos, tratará de apoderarse de una valiosa estatua de oro con la que pretende engrosar su patrimonio.

Desafortunadamente para el anti-héroe por excelencia el capitán de los piratas, de nombre Syrup, se muestra como un duro rival a batir.

Con un desarrollo muy similar al anterior Super Mario Land 2, la aventura transcurre a lo largo de un extenso mapeado, la isla Kitchen para la ocasión, donde el protagonista deberá desplazarse atravesando las distintas zonas que la componen.

Asimismo cada fase consta de varios niveles que estarán previamente trazados en el mapa, y que una vez superados abrirán el camino a nuevas etapas disponibles.

Como era de esperar, en la última pantalla de cada una de estas fases os aguarda un jefe final designado especialmente por el capitán Syrup, de una mayor resistencia que el común de enemigos, aunque por contra dotados de unas rutinas de ataque cuanto menos previsibles que no os ocasionarán mayores dificultades.

Como decíamos, la gran pasión de Wario es el dinero, por lo que deberá recolectar cuanta moneda sea posible durante el progreso de la partida, estando algunas de ellas a recaudo de cuantiosos enemigos o bien escondidas en sendos cofres.

Por fortuna el rechoncho personaje cuenta a su favor con numerosas habilidades que le facilitarán enormemente su labor, tales como empujar, destrozar, pisotear, nadar e incluso volar, menos elegantes que aquellas de las que hace gala el bueno de Mario, pero tanto o más efectivas.


A estas devastadoras aptitudes es preciso sumarle aquellos potenciadores que otorgan los diversos calderos mágicos, que le confieren nuevos poderes del todo imprescindibles para llevar la aventura a buen puerto.

Desde luego, Wario no le teme a las adversidades, pero no serán precisamente pocos los peligros que tendrá que afrontar en su periplo a través de la isla de Kitchen contando únicamente con sus toscos pero efectivos movimientos, y vuestra ayuda.

RESUMIENDO

Los gráficos para tratarse de una Game Boy son un prodigio de la técnica. Mención especial para el gran tamaño de los sprites, que además no le restan visibilidad a la pantalla ni dificultan el avance. Todo un ejemplo a seguir.

Las melodías por su parte respetan los cánones impuestos por los títulos de Mario. Os aguardan por tanto alegres composiciones muy pegadizas que encajan a la perfección con los distintos escenarios. Los sonidos son muchos y muy variados, y se adaptan a cada una de las acciones que realiza Wario.

En el apartado jugable el título bebe directamente de los clásicos de Nintendo, con un manejo sencillo y una curva de dificultad creciente, en la que los primeros niveles apenas ofrecen retos destacables pero conforme profundizáis el desarrollo os veréis forzados a recurrir a todo vuestro ingenio y hacer uso de las distintas habilidades del personaje. Si bien es cierto que en una primera toma de contacto puede resultar un tanto extraño, más aun si estáis acostumbrados a las anteriores entregas del orondo fontanero, pero una vez comencéis a descubrir los cuantiosos secretos que alberga el cartucho llegaréis a la inequívoca conclusión de que destila genialidad en cada uno de los apartados que lo conforman.

En síntesis, Wario consigue emular al héroe del reino Champiñón con maestría, con un título que encierra una gran cantidad de sorpresas y caminos por descubrir.

Un juego con el inconfundible sello de Mario, pero dotado de un toque muy especial que aporta cierta frescura en su ejecución, adornado con muchísimas virtudes que saben atrapar al usuario y exigirle una mayor dedicación y constancia de forma exponencial.

Por supuesto, todas las bondades del resto de entregas de la franquicia están aquí sabiamente representadas, en especial si nos referimos a unos desproporcionados mapeados, gran cantidad de secretos y cuantiosos tesoros a la espera de ser descubiertos, lo que refuerza el interés y aviva la diversión que es capaz de ofrecer este célebre programa, con esa agradable sensación que saben transmitir los mejores juegos de plataformas.

Lo más destacable del conjunto es la posibilidad de ir recolectando nuevos y mayores tesoros que incidirán de forma directa sobre el final, de modo que el interés por la aventura se mantiene en su punto álgido en todo momento.

La contrapartida es que adolece de una duración irrisoria, aunque el título invita a volver a rejugarse la historia para obtener así el mejor final posible, buscando siempre con ahinco el total de tesoros existentes.
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