WARRIOR BLADE: RASTAN SAGA EPISODE III

Notables fueron los cambios en esta tercera entrega de la saga Rastan; tanto es así que el nuevo título se sitúa más cercano a la franquicia de Golden Axe que a los primeros juegos en los que el rey bárbaro pugnaba por labrarse un futuro mejor, cuando apenas era un mero guerrero en busca de la gloria y fortuna mundana.

Las diferencias con respecto a los primeros títulos disponibles son más que evidentes desde la primera toma de contacto, pues se ha perdido por el camino ese importante componente plataformero tan fecundo y prolífero en la serie que implicaba un avance en scroll lateral, para centrarse en el género propio de los beatem up, con la habitual perspectiva pseudo-3D que le otorga a los distintos personajes la habilidad de moverse en profundidad, es decir, sobre los ejes X, Y y Z, del escenario.

Y así, mientras que las primeras entregas de Rastan exigían una sincronización perfecta de movimientos, siendo preciso llegado el caso memorizar escasas pautas o rutinas que harían posible el avance del jugador, para la ocasión se puso especial énfasis en el desarrollo de los numerosos combates, siguiendo la estela de la línea de juegos comercializados por SEGA con su galardonado Golden Axe, la comparación más evidente, si bien cuenta con elementos lo suficiente atractivos y distinguida personalidad como para definir su propio estilo en el que todos sus imitadores siempre fracasarían.

De entrada llama poderosamente la atención el enorme campo de visión disponible, que abarca una gran parte del escenario.

Esto era posible gracias al uso de dos pantallas duales que le conferían al ya de por si magistral y detallado acabado gráfico unas dimensiones envidiables, de unas proporciones muy pocas veces vista en un programa de estas características.

Otro de los puntos fuertes donde destaca por encima de todos sus competidores la tercera entrega de Rastan reside en el gran número de situaciones que plantea, tan atípicas en el género como apasionantes, y todas ellas engalanadas con una ambientación digna de toda loa y alabanza, visible tanto en la gran variedad de escenarios disponibles como en el magistral diseño que lucen todos ellos, siempre con el común denominador de un trasfondo épico – medieval, enriquecido aun más con cientos de elementos fantásticos que contribuyen en gran medida a dotar a las distintas fases de una belleza y un atractivo desmesurados, convirtiendo al título en un verdadero deleite para la vista, cuyo avance ante nuestros ojos en todo momento supone una verdadera delicia, en un completo despliegue audiovisual.

De modo que viviréis acontecimientos tan poco frecuentes como intensos combates a lomo de dragones alados, peligrosos descensos a través de sinuosas colinas u os descubriréis a vosotros mismos cabalgando sobre un veloz corcel mientras vuestros enemigos pretenden daros caza, todo un punto a favor que no dejará indiferente a nadie.

No en vano, la palabra que mejor define en cualquier momento y situación posible el avance del usuario a través de las distintas zonas que componen el juego, de desarrollo no lineal, es espectacular.

Así de simple y rotundo.

Rastan Saga Episode III es todo un prodigio de la técnica al servicio de la mejor diversión, se mire por donde se mire.

Como era de esperar, el cambio de registro trajo consigo a dos nuevos personajes, además del conocido Rastan, muy en la línea del primer Golden Axe, permitiendo que cada usuario pudiera decantarse por aquel que mejor se adaptara a su particular estilo y técnica de combate, siendo Rastan el más poderoso de los tres, pero más lento y parco en movimientos en comparación con los otros personajes disponibles o de una menor cadencia de golpes incluso.


Sin embargo, independientemente del luchador elegido para afrontar los numerosos retos que plantea el juego, la norma, y no la excepción, es la sorpresa continua a la que se ve sometido el usuario, que se verá atrapado en situaciones tan tensas como inesperadas; sirvan a modo de ejemplo aquellas en las que el suelo se derrumba ante nuestros pies dejándonos a merced de una temible bestia marina, e incluso algunas escenas bucólicas, como la lucha que tiene lugar sobre un plácido fondo en el que la mar serena contrasta en gran medida con la feroz batalla que está aconteciendo en tierra, pero todas estas situaciones se han resuelto y plasmado de la forma más brillante posible, brindando momentos impagables tan sobresalientes en la técnica empleada como en su ejecución.

E incluso en determinadas ocasiones el jugador podrá disponer del apoyo de algún aliado ocasional, como el de aquel mago que con sus sortilegios le brindará múltiples beneficios y cuantiosas facilidades en el progreso, adormeciendo a los enemigos, convirtiéndolos en piedra, o en ranas si es menester.

No sería posible concluir este comentario sin hacer referencia a dos hechos diferenciales que alejan a este programa del primer Rastan.

En primer lugar, el nivel de dificultad, altísimo en la primera entrega, se rebajó significativamente, un hecho de agradecer dado el componente arcade del título que nos ocupa, siendo posible finalizar el juego con apenas unas pocas monedas, un hecho del todo impensable en el Rastan original.

Tristemente, este detalle también repercutió de forma directa en su duración, pues Warrior Blade adolece en mayor medida de un breve número de fases, tan apasionantes como intensas, pero insuficientes a todos los efectos, incapaz de competir en este sentido con el sobresaliente Golden Axe 2: the Revenge of Death Adder que salió apenas un año más tarde, y se saldó con una duración considerablemente mayor, aunque sin la notoria variedad en su desarrollo que ofrecía este soberbio Rastan Saga Episode III.

El segundo elemento en discordia, junto con su escasa duración, había que buscarlo en una menor calidad en la banda sonora, cuyas melodías tendían a pasar desapercibidas y quedaban eclipsadas, eso si, por los brillantes efectos de sonido FX, mención especial para los diálogos que transcurrían durante los enfrentamientos contra los jefes finales de cada nivel, así como a los gritos audibles al ejecutar los diversos ataques o al incurrir en las siembre bien recibidas poses de victoria que no desmerecen en absoluto.

Un título, en definitiva, cuya aparición fue bien recibida por los usuarios afines a las coinops, y cuya existencia está plenamente justificada dentro de la saga, que sin llegar a alcanzar aquellos tintes magistrales de la primera entrega supo innovar dentro de una franquicia donde parecía que ya estaba todo dicho, mostrando en pantalla unos gráficos apasionantes, rebosantes de colorido, de un tamaño excepcional por añadidura y unas dimensiones épicas.

Y todo ello acompañado por un desarrollo sublime, cargado de todo tipo se situaciones tan imaginativas como atractivas de cara al usuario.

Lástima que la duración no acompañara, pues de esta forma el título se vio privado de repetir los éxitos de antaño, dejándonos un amargo final, pues con este magistral programa quedó inconclusa una serie que aun tenía mucho que decir y que aportar, capaz como era de las mejores cotas de diversión y adicción, si no tenemos presente el segundo título de la franquicia, de una calidad cuestionable y ciertamente dudosa si tomamos como referencia el prestigioso nombre que había heredado.

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