WETRIX

El desarrollo de Wetrix es más curioso que divertido, de ahí que las primeras partidas sean con diferencia las más prometedoras.

Para aquellos que no conozcan el original, decir que Wetrix reta al jugador a embalsar la mayor cantidad de agua posible, para lo que se debe levantar muros de contención con los que estancar el agua que cae del cielo.

Una tarea a priori sencilla, pero que se complica cuando la consola considera que ya hemos llegado demasiado lejos.

En ese momento se provoca un terremoto y todo lo construido desaparece, perdiendo de inmediato cualquier opción de ganar.

Son cosas que hacen que el jugador pierda la emoción por un título que, en todo caso, no es nada del otro mundo.

EN SÍNTESIS

El aspecto visual es uno de los más cuidados de todo el juego, con un interesante repertorio de efectos para cada una de las situaciones posibles.

En lo sonoro, partiendo de la base de que hay que afinar bastante el oído para encontrar algo de música en Wetrix, poco más que decir; las nueve pistas, de corte “machaqueitor“, son carne del control de volumen.

Por lo demás, el incesante efecto del agua fluyendo por las plataformas de Wetrix es algo más que una tortura cuando las necesidades biológicas llaman a la puerta.

Y la idea bajo la que se ha construido su mundo es, hasta cierto punto, aceptable… Por desgracia, la imaginación de su creador se quedó ahí, olvidando potenciar un juego al que finalmente le falta “algo“.

PARA QUE NOS ENTENDAMOS…

Wetrix, dentro de su estrafalario desarrollo, cuenta con un buen número de modos de juego, aunque al final todos ellos se resumen a lo mismo: esperar a que la máquina decida acabar con el usuario.

De cualquier manera, su desarrollo no pasa de ser curioso, por lo que la jugabilidad raramente llegará al mínimo para enganchar al aficionado medio.

PROS Y CONTRAS

Jugar con Wetrix es una experiencia interesante, pero poco divertida.

Y los seis modos de juego son prácticamente idénticos.

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