WILLIAM HIGINBOTHAM

El célebre autor de Tennis for Two no llegó a plantearse la posibilidad de patentar el denominado primer videojuego de la historia, algo que le habría reportado cuantiosos beneficios económicos, en parte por ahorrarse los míseros diez dólares que le cobrarían en el registro, y en parte también porque no le dio mayor importancia en aquel momento, considerando a su propia creación como algo meramente anecdótico; poco más que un entretenimiento pasajero con el que deleitar a los visitantes del Laboratorio Nacional de Brookhaven.

William nació el día 25 de octubre del año 1.910, y comenzó a labrarse una inmejorable trayectoria profesional en la década de los cuarenta cuando puso su talento al servicio del Instituto ecnológico de Massachusetts, en el que se instruyó con los complejos sistemas de radar que posteriormente serían usados en el mortífero Enola Gay, aquel detestado bombardero B-29 encargado de lanzar la primera bomba atómica en Hiroshima.

Ese nefasto acontecimiento marcaría en adelante el pensamiento de Higinbotham, quien centró sus esfuerzos en convertirse en un atareado activista en contra de todo tipo de armamento nuclear.

En la siguiente década cambió su puesto laboral por otro situado en el Laboratorio Nacional de los Álamos, para convertirse años más tarde en el honorable presidente de la Federación de Científicos Americanos.

Poco antes de su muerte, acontecida durante el año 1.994, llegó a ser propietario de más de una veintena de patentes, quizás arrepentido por haber dejado escapar la que le habría otorgado ganancias millonarias en el mundo de los videojuegos.

No obstante, sus pensamiento dan una idea bastante aproximada acerca de su persona, pues él mismo aseguró que prefería ser recordado como alguien que luchó encarecidamente en contra de la proliferación de armas nucleares, en lugar de como el desarrollador del primer videojuego de la historia.

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