WIPEOUT

Es fácil olvidar que WipEout, el título de lanzamiento de PlayStation en Occidente creado por el estudio Psygnosis de Liverpool, ingresó en la corriente de la cultura popular dos años antes del primer Grand Theft Auto.

Era un juego de carreras elegante y sofisticado, y aprovechó el impulso de una banda sonora muy influyente y una estética innovadora, cortesía del ahora desaparecido estudio Designers Republic.

La puesta en escena futurista y algunas secciones exigentes, como Silverstream – ubicada en Groenlandia con cristal artificial – y Terramax – en Marte –, iban acompañadas por canciones radicales y contemporáneas de Chemical Brothers, Leftfield, Orbital y otros.

No en vano, la música de vanguardia contribuyó a que el juego pareciese una inyección de adrenalina pura.

El juego estaba tan logrado que incluso un temprano vídeo promocional fue suficiente para que apareciera en Hackers: Piratas informáticos, la película protagonizada por Angelina Jolie sobre unos cyberpunks de instituto y unos terroristas de Internet.

Incluso sin las imágenes que se burlaban del consumismo estampadas en los carteles publicitarios y en la portada, la sensación de movimiento en WipEout – con los jugadores pilotando aerodeslizadores parecidos a agujas que pasan rozando las esquinas como si fuera pan comido – era inconfundible.

Sus naves en 3D y las pistas, basadas en localizaciones seudocientíficas y reales, no tenían comparación con el anterior ejemplo de juego de carreras antigravitatorio, el F-Zero de Nintendo.

Ni siquiera veintidós años de versiones e imitaciones han hecho que el primer juego se haya quedado obsoleto.

Mientras que su banda sonora sigue siendo la mejor de la serie, su posición como juego no violento de carreras desenfrenadas y límites de tiempo ha sido la envidia de sus sucesores.

No hay vuelta atrás para la leal serie de Sony, que dio a su debut de 1.995 una pureza única y duradera.

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