WONDER BOY III: THE DRAGON’S TRAP

Tal como sucede con los cometas, muy de vez en cuando surca el firmamento lúdico un juego similar a Wonder Boy III: The Dragon’s Trap – o Dragon’s Curse, en su paso por Turbografx –.

Deja su estela rutinante deslumbrando a propios y extraños, evidenciando que hay algo más que FPS, bólidos, fútbol y licencias peliculeras.

Si eres capaz de perderte en lecturas como El Hobbit o las archiconocidas aventuras de su sobrino, éste es un título hecho a tu medida.

Los responsables de la saga Wonder Boy ya dejaron notorias pruebas de su originalidad con las restantes entregas, demostrando que belleza y diversión pueden viajar unidas en un mismo barco.

Y con The Dragon’s Trap, este consagrado equipo volvió a embarcarse en una hazaña imposible.

Como en tantas otras novelas de épica y fantasía, el protagonista comienza un largo viaje que le conducirá a tierras extrañas y una muerte casi segura, concluyendo con la gesta del anterior Monster Land.

En esta ocasión, el sufrido héroe peregrina por reinos prohíbidos para los hombres, víctima de un funesto destino.

Y así, contraviniendo las leyes de la naturaleza, el joven se adentra en lo desconocido, enfrentándose a un engendro mecánico de proporciones bíblicas.

Lo que viene a continuación sería digno de la mayor de las epopeyas clásicas.

El valeroso guerrero cae víctima de una terrible maldición, y es conminado a derrotar numerosos dragones si pretende recuperar su apariencia humana.

Primero será necesario encontrar la guarida de cada infame enemigo, aprovechando en beneficio propio las habilidades que brindan las nuevas formas adquiridas; anticipándose así al desarrollo que incontables años después, los denominados “Metroidvania” pusieron de moda.

Huelga decir que SEGA – o Hudson Soft, en su conversión de PC Engine – consiguió otorgarle una ambientación completamente diferente a cada uno de los escenarios, y a los combates que se libran en ellos.

Algunos estan poblados de fabulosas criaturas dotadas de una agilidad asombrosa; otras, en cambio, surcan los mares o los cielos; pero todas ellas destacan por su exquisito diseño.

La forma con la que se han recreado sus patrones de ataque, o los maravillosos parajes que les acompañan, consiguen que, a pesar de las limitaciones técnicas, resulten absolutamente creíbles dentro del legendario entorno de Wonder Boy III.

Por último, pero no por ello menos importante, el grado de superación de los programadores llegó hasta el extremo de incluir una banda sonora que brilla al mismo nivel de su excelso apartado gráfico, conformando uno de los mejores cartuchos de 8 bits jamás creados.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.