WONDER PROJECT J: KIKAI NO SHONEN PINO

El género del RPG siempre funcionó a las mil maravillas en los 16 bits de Nintendo.

Y es que, además de cantidad, en dicho sistema se puede encontrar variedad y, muy significativamente, calidad.

Sirva Wonder Project J: Kikai no Shōnen Pīno a modo de ejemplo.

La trama nos sumerge en la otrora apacible isla de Kolulo, donde robots y humanos conviven en perfecta armonía.

Pero la paz no puede durar eternamente, y pronto se ve perturbada por la aparición de los primeros conflictos, que el célebre Doctor Jebet deberá solventar.

Con ese firme objetivo decide crear un nuevo androide, al que bautiza con el sonoro nombre de Gijin 4649; también conocido como Pino entre sus allegados.

Pero lo más sorprendente del asunto es que en el interior de semejante individuo, mitad hombre y mitad máquina, se oculta el denominado circuito J, cuyo poder no resulta cuantificable.

Y así, para que Pino – una suerte de Pinocho a la japonesa para que nos entendamos – se desenvuelva con soltura a través de originales fondos, y parta en busca de una solución al conflicto inminente, el Doctor crea además un hada inspirada en la gentil Campanilla, que a su vez dispone de alas y polvos mágicos.

De modo que el afanado jugador asumirá el control del hada, y a través de ella dirigirá a Pino a lo largo y ancho de todo Kolulo.

En un intento por lograr un RPG más ameno y asequible, Enix dotó al personaje de maravillosas animaciones no exentas de un gran sentido del humor, ensalzadas por su aspecto aniñado, a imagen y semejanza de tantos otros cuentos infantiles.

Y así, tan pronto lo veréis llorar, como recibir leves “caricias” de maza propinadas por el hada, por citar tan sólo algunos ejemplos posibles.

En suma, un protagonista atípico para un título diferente y, mejor todavía, divertidísimo, pero prácticamente injugable debido al handicap del idioma.


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