YIE AR KUNG-FU

Muchos consideran que el juego de lucha arquetípico es el colorido Yie Ar Kung-Fu de Konami, con un ritmo más trepidante que su predecesor Karate Champ.

Oolong, que pretende ser una leyenda de las artes marciales, debe enfrentarse a una serie de once oponentes cada vez más difíciles, cada uno con sus propios movimientos y armas, desde cadenas y bastones hasta abanicos afilados y nunchakus – estos últimos en manos de un personaje con un chándal amarillo, en un claro homenaje al legendario Bruce Lee -.

Es este extravagante elenco de personajes, más que los deportistas austeros de Karate Champ, lo que luego influiría en otros títulos como Street Fighter II y Fatal Fury.

Pero, además, Yie Ar Kung-Fu popularizó el uso de barras de vida para cada luchador, más que los puntos por cada golpe, y también normalizó el uso de fondos detallados y vivos: los cinco primeros combates tienen lugar frente a una cascada; los seis últimos, en los patios de un templo.

Sin olvidar que Oolong puede dar saltos extraordinarios por toda la pantalla.

El jugador dispone de numerosos ataques combinando el joystick de ocho direcciones con los botones de patada y puñetazo.

Cada adversario utiliza unos patrones de lucha diferentes que se deben estudiar y memorizar para encontrar los puntos débiles.

El defecto del juego es una detección de golpes inexacta, lo que deja a los jugadores vulnerables en las distancias cortas; y, como no hay forma de controlar la longitud de los saltos, los combates acaban siendo una competición de saltos apasionados.

Pero esto ocurrió en 1.985, seis años antes del debut monumental de Street Fighter II.

Tal vez Yie Ar Kung-Fu sea un juego de lucha limitado, pero su influencia ha sido innegable.

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